Un día con el aire volaron unas pequeñas moléculas de agua, agua quieta que venía del río y su luminosa transparencia reposó unos momentos en mi cara, estaba en una banca que recién había sido pintada de verde, (cuando fue blanca me gustaba más) estaba ya oscureciendo, sentí que sudaba, que dejaba por instantes de parpadear, incluso sentía como la sangre me iba caminando caliente, cada vez más caliente por los labios y es que tenía cinco noches esperando que llegaran las once del veintitrés de Septiembre, tuve que mentirle a mi madre cuando me preguntaba por qué tanto nervio, por qué tanto grito en mi sueño y es que por esos días mi mente era un torbellino, me devoraba cada insípido segundo de vida que separaba tu ombligo del mio (pero que mierda es eso, siempre me gustó tu ombligo) es la fiebre, es la tesis madre.
La tesis, la tesis, me repetía ella.
Estaba ya oscureciendo y aquellas moléculas de agua terminaron por secarse en mi cara, pasé los dedos acomodando mis tres vértebras, me restiré un poco y yo estaba sin zapatos, mis dedos del pie hacían amistad con algunas piedritas de río, tuve que poner pause al reproductor justo en mi parte favorita: "You're in my blood, you're my holy wine, You taste so bitter and so sweet, oh I...
Me puse zapatos, me acomodé el cabello, (no tanto) entré como relámpago a mi casa, me puse la maleta que había hecho cinco noches antes en el hombro, no pesaba tanto, llevaba tres libros, dos vestidos, cepillo de dientes pero no empaqué pijama.
¿La tesis verdad? dijo mi madre, por primera vez la dejé hablando sola, vi como le temblaron las manos, no me importó, a mi me temblaban más los pies.
Me tomó algo de tiempo tomar un taxi, a esa hora ya no me importaba si tenía los vidrios oscuros o no, si la cara del taxista era amigable o no,tampoco iba a tomar nota de las placas ¿a quién carajos le pensaba avisar si algo me pasaba? yo tenía que llegar a la central de autobuses a las siete con treinta y el tránsito de esta ciudad desde las 6 de la tarde hasta las ocho de la noche es infernal, si vas en ambulancia seguro aún así te mueres antes de llegar al hospital.
Tengo cara de pocos amigos y subiéndome al taxi de inmediato levante mi barda amurallada para no tener una conversación con el taxista, nunca digo nada de cualquier manera, sólo escucho, pero esta vez quería aprovechar el tiempo para escribir algo acerca del pequeño viaje que me llevaría a ti, pero al taxista no le importó que me pusiera audífonos y sacara la moleskine (recuerdo que cuando estudiaba mi licenciatura un profesor me dijo que no debería gastar las hojas de ese tipo de libreta en algo tan simple como una clase, me molesté un poco ¿Qué clase de recomendación era aquella? a este punto le doy la razón, esa fue la única clase en la que no aprendí nada, seguro aquellas páginas debieron de haber contenido algo mejor).
Guadalupe odiaba su nombre, resulta que su madre se lo puso porque todos los hombres de su familia lo habían llevado desde tiempos ancestrales, él también le había puesto así a su hijo mayor para seguir con la tradición aunque sentía que le estaba arruinando la vida, le pregunté varias veces la razón de heredarle algo que tanto odiaba a su hijo y se limitó a decirme que con el tiempo entendería los comportamientos aberrantes de la edad adulta.
Estuvimos veinte minutos atrapados en el centro porque habían atropellado a una mujer que no quiso atravesar la calle por el puente peatonal y murió al impacto del camión, me desesperé frente a una situación tan estúpida: la flojera, la imprudencia, la velocidad del camión, los tránsitos que lejos de ayudar estorban, los ojos morbosos de los espectadores al ver un cuerpo tapado con un pedazo de tela azul y fue ahí cuando me di cuenta que querer verte saca lo peor de mi.
Mientras todo ese circo se presentaba en la calle sin cobrar entrada yo me imaginaba en una máquina de vapor, hubiera sido increíble ir en un vagón con su escandalosa maquinaria tomando el té y pensar a ratos en ti, pero bueno no estamos en 1824 para darme ese lujo.
Por fin aquella lucha por llegar a la central había terminado, Guadalupe me cobró setenta y tres pesos por el aventón, yo traía un billete de cien pesos y otros verdes con el emblema "In God we trust" pues para verte había que salir del país y hablar en english, así que no me esperé a que me diera el cambio y corrí a la sala impaciente a que llegara el autobús.
¿A cuántos pasos se puede estar del amor? me pregunté al estampar mi frente a la ventanilla del camión, ¿Ya habrás salido del trabajo? ¿Estará haciendo frío? ¿Llegaremos a tiempo a nuestra reservación?
Preguntas estúpidas cuando yo solo quería llegar y que me hicieras el amor, sin cena, sin preámbulo, sin miramientos, sin cuidados, así tal cual, el amor y ya.
Tuve suerte esta vez y nadie se sentó en el asiento vecino así que cuando me cansé de contar los nopales del paisaje árido giré mi cuerpo y me acosté en los dos asientos, no es mucho el trayecto, cuatro horas y fracción, tiempo suficiente para que pasen las mismas películas sin sentido de siempre, yo por eso mejor te escribo.
Siempre te he querido como si fuera un animal, como si alguien desde la selva tocara una flauta y se me afinaran los sentidos, como si fueras el único ser humano cuerdo en la tierra cuando sé muy bien que no es así, siento que ha pasado una eternidad, presiento que me quedé dormida al menos una hora de camino pero mis cuentas no salen, siento que mi reloj se atrasa y empieza la cantaleta del grillo nocturno.
Fue hasta esa tranquilidad que me puse a pensar en la mujer muerta que vi en la calle, me sentí maldecida por haber visto la muerte ese mismo día que contigo quise ver la vida, ¿Cuántos años tendría? ¿A dónde iba? me sentí mal por juzgarla de imprudente, tal vez alguna razón tendría para no querer cruzar por el puente peatonal ¿También tendría prisa como yo? que trágica muerte- pensé y recordé una frase de algún libro de Mastreta: "Si uno se ha de morir, mejor dar la sorpresa que andar fastidiando desde antes". Intento dejar de pensar en eso pero es eso o concentrarme en el carraspeo del señor de tres filas hacia atrás.
No recuerdo a qué edad te empecé a querer, tal vez fue al abrir los ojos por primera vez, al tomar el primer libro, tal vez te quiero desde que me levanto a las ocho de la mañana para no hacer nada, no sé, tampoco sé por que me empeño en escribir en papel cuando traigo laptop, el movimiento constante hace de mi letra algo más dramático que Shakespeare enamorado y bueno, es que a mi no me corre la sangre de artista.
He estado aquí, en esta carretera diez veces anteriores, fue a principios de mayo cuando embriagada viajé a tu país sin que supieras, llegué al centro de ese mundo, una gran isla y abriste la puerta de tu pequeño apartamento ¿Qué sabes de las oxidianas?- Te pregunté sin decir hola.
No sabías nada de las oxidianas pero te perdoné de golpe.
He estado aquí, en esta carretera diez veces anteriores, y en ninguna había imaginado lo que tendríamos por decir, pero ahora sé precisamente que decir y lo que me dirás:
Si tú supieras cuánto te quiero, si supieras que el cielo se ha cambiado de ropa cinco veces para llamar tu atención.Si supieras que la lluvia se avienta de un precipicio para que la salves, si supieras que las montañas son un piano lleno de notas calladas, si supieras que las mujeres usan falda cuando quieren borrar la tristeza del mundo. Que el mundo es triste tres veces por semana, si supieras que un libro tiene tu nombre y se lo quita para poder dormir. Si supieras que la mesa de casa está servida. Que el dolor de la humanidad está en el pecho de los llamados olvidados que zarpan en barcos de papel con rumbo a la soledad.
Si supieras que todo el amor que te tengo no es más que el reflejo de los volcanes que ahora miras, si tan sólo supieras que he visto árboles peleando por un pájaro, volviéndose celosos por un nido acordándose de ti.
¿Por qué te empeñas en matarme ciertos días del mes, a determinada hora?
Porque te veo en muchos lados ¿Acaso tú no lo ves?
¿Qué se hace con lo que aún estando ciego se ve?
Se toma, se palpa, se invoca, se hace suyo en la forma que quieras...
¿Recuerdas cuando me dijiste que no sabías a qué olían todos los mares pero que seguro olían a mi recién levantada? Pues yo recién levantada sigo latiendo en ti aunque tú sigas durmiendo.
Me estoy haciendo nudo, me quiebro, y cuando no te tengo te pongo en bocas que no tienen nombre, tú podrás encontrarte con quien crea saberlo todo, con quien no tenga respuestas para nada, con quien todo lo ignore y con quien quiera abandonarlo todo. Pero allí entre tanta gente sabrás cuántas veces te has encontrado conmigo. Y yo, en medio de mil tempestades, sabré cómo eres un buzo que se mete entre las aguas desconocidas.
Yo buscaré tu sonrisa en el espejo del río, en los labios de quien sea encontraré tus huellas, te sentirás devorado, te desplomarás por dentro, si un día te me vas yo te bendeciré desde otros ojos y sabrás que son los míos los labios que besas y sabrás que son mis pechos los que se mecen en tu espalda, y sabrás que es mi esperanza la que te dice que te ama en otra boca. Sabrás que soy yo en cada mano y cara que seduzcas. Porque soy la calma y la dulzura, la tranquilidad y el huracán que siempre ha rodeado tu alma.
El autobús se ha parado, he llegado a tu país, me estás esperando con una sonrisa y unos ojos verdes que me hacen llorar, estamos a veintitrés de Septiembre de quien sabe que año.
Te quiero, no hay otra forma de decirlo, te pienso, no hay otra forma de resumirlo, te espero, no hay mejor superlativo, te adoro, no hay mejor diminutivo, nos queremos, no hay mejor CÓDIGO entre tú y yo.