Creo que eran las seis y diez cuando el taxista dio un leve apretón al claxon, no me pareció normal que lo hiciera, la reservación del mismo se hizo para las seis y treinta, no pasa nada, la noche anterior no pude dormir, tenía ya varios minutos que perdía el tiempo haciendo un repaso de la última vez que pasé tantas horas en un avión y de los posibles aperitivos que podría incluir en el bolso para tan afable espera. De pronto, mientras decidía si los Skittles eran la mejor opción o tal vez unos Nerds para que algún turista me viera hacer caras de idiota a consecuencia del ácido, me vi interrumpida por mi hermano que ya bajaba las maletas para ponerlas en el recibidor.
Por un momento dudé en compartir el silencioso trayecto hacia el aeropuerto internacional con él, es verdad que días antes, cuando lo sugirió pensé en decir que ya me había hecho la reservación pero ¿todo se puede cancelar no? -Me habría dicho él.
No sentía alguna necesidad de compartir algo con él, era muy temprano para los dos, quizá su interés sería solo el de observar los objetos del interior o medir el espacio que hay entre cada coche, no sé. Aunque tenemos la misma edad, para mí sigue siendo aquel niño de baja estatura que se pasa la tarde colgado del pasamanos para crecer, o aquel que no distingue entre la d y la b (creo que le sigue pasando) incluso creo que murmuró algo pero lo que yo quería era que cargara la maldita bandeja de correo electrónico, siempre dejo para última hora la tarea de registro de vuelo, ojalá lo hubiera hecho ayer, me marea el contraste que mis ojos perciben ante los múltiples intentos y la combinación del playlist del taxista.
No soy capaz de reconocer la segunda canción, me he perdido en el "tra, tra , metiéndole al tra". Me parece ridículo que el taxista deje seguir la canción, no es que por la edad se deban escuchar ciertas canciones o no (al menos no lo había pensado hasta ahora) pero seguro que se acerca ya a la tercera edad y este ritmo
modus perreo no me sienta bien a tan temprana hora de la mañana.
He pensado incluso (por disculparlo un poco) que al vernos a mi hermano y a mí, ha hecho una estimación de nuestra edad y nos considere "normales"y lo que en realidad ha querido es que tengamos un viaje más ameno.
Esa mañana en que dejamos la casa sentí un gran alivio, no sé cuánto tiempo me duró pero sentí el alivio. No más llamadas que atender para tonterías, no más ladridos de un Max hambriento a las cinco de la mañana, (me pregunto si alguien le dará de comer) ni tampoco el inoportuno camión de basura atorándose en las ramas del árbol del vecino.
Durante el trayecto, el cielo comienza a aclararse, me he tronado cada uno de los dedos de las manos, (me siento más cómoda que hace cinco minutos) incluso he decidido que al llegar al aeropuerto me compraré un café del que no es del Starbucks por que en el otro tienen unos sillones más cómodos.
Tengo una buena revista que leer de la cual no he pasado de la portada, ante el silencio y el cambio de ritmo de la música (ahora son rancheras) creo que es mi mejor opción, la verdad no me interesa asegurarme de que los edificios, hoteles e industrias que siempre veo por este camino sigan estando allí.
Miento un poco, a veces (en realidad muy pocas veces) me pregunto qué estaría haciendo si trabajara en una de estas empresas de importación-exportación para lo cual estudié, seguro tendría que salir de mi casa a las tres de la mañana para llegar a cubrir un turno vampiresco y así tratar de sobrevivir la jornada de ocho o más horas (las que fueran necesarias por contar con el privilegio de ser empleada de confianza) con un grupo de compañeros de los cuales no sabría ni quisiera saber nada.
Revista en mano, tamaño grande que sobrepasa mis palmas, portada en blanco con varios lápices, puntas muy afiladas que inspecciono. Entre ese breve pestañeo y la carga de información que viaja tan rápido a, ante , bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, sobre y tras mi cerebro, mi hermano decide abrir la boca: ¿Y tú para que vas a España?
Fin. Es el fin de lo que pude haber leído camino al aeropuerto, sé que con esta pregunta recién formulada, los minutos correrán tan rápido como la velocidad a la que iré cuando me monte en el avión, rápido, muy rápido, imperceptible al ojo humano pienso en lo que debería de contestar, recuerdo uno de esos exámenes de opción múltiple en la que los incisos se han diseñado para confundir aún más (caso contrario de lo que a simple vista pensábamos era más sencillo los primeros semestres de la carrera) y entonces elijo de estos incisos lo que debo contestar:
a) ¿Qué te importa?
b) Necesito vacaciones y es un buen lugar para desaparecer.
c) Siempre he querido ir.
d) Ninguna de las anteriores.
e) Todas las anteriores son correctas.
Siempre he querido ir, también es que necesito vacaciones y es un buen lugar para desaparecer, aunque ¿sabes? te estoy ocultando ciertas razones que no te pienso compartir, mejor dime, ¿qué te importa? Esta sería mi respuesta más sincera pero a veces, (lamentablemente) no se puede ser tan sincera en la vida.
Desearía no solo ir de vacaciones- le digo, pero creo que unos días me sentarían bien para conocer y validar lo que a veces ando tarareando en el coche cuando escucho a Serrat.
¿Y a poco no te dan flojera todas esas horas en el avión?-Me preguntó. Si bien mi hermano nunca parece estar interesado por nada, ahora lo estaba por mis vacaciones, hace años que dejamos de viajar juntos (supongo que tras los veintitantos es más motivante plantearse la idea de trabajar un año entero para ir a vacacionar siete días con la novia, me parece normal) y me da pereza (a la ene potencia) seguir a modo pregunta y respuesta.
Sepan ustedes que no soy una persona desagradable, (al menos no hasta ahora) una vez estuve cerca de serlo, justo la noche previa a mi primera comunión pero esa es otra historia, hasta ahora los ostiones parecen más desagradables. El punto es que ignoré tres minutos a mi hermano mientras repasaba una lista mental de malas palabras de las que podía hacer uso en la madre patria.
Incluso me imaginé diciéndole gilipollas al primero que estuviera a dos centímetros a mi derecha, sí, al menos un: "Tío, si serás gilipollas". Entonces bueno, gilipollas ocupaba el primer lugar en mi lista mental, le seguían: joder, coño, me cago en la leche,(en realidad te puedes cagar donde quieras) me cago en dios y bueno, prefiero terminar con un me cago en todo lo cagable.
Le diría gilipollas a este hombre (taxista) que acaba de preguntar si mi hermano y yo venimos "ambos juntos" a esta terminal aeropoertuaria (que es la uno) pero le digo que no, que mi hermano va a la dos y al terminar esta frase nos hacemos los felices acreedores a pagar doscientos pesos más por "desvío" del destino. Me pregunto si el litro de gasolina que utilizará para este "desvío" lo ha cargado en alguna estación de servicio de primer mundo. Mi hermano me mueve la pierna, me pregunta otra vez lo de la flojera en el avión, le digo que sí, que me da flojera pasar todo ese tiempo en el avión, que eso y el tener un cadillo entre las nalgas es lo mismo, pero -no te preocupes por mí-le digo en un tono burlón, la masa conlleva una cierta cantidad de energía aunque la primera se encuentre en reposo (ósea yo).