Hace algo de frío a pesar de ser las tres de la tarde, el suelo está mojado porque los vasos también sudan. Así empiezo la carta que tal vez nunca te va a llegar pero no importa, siempre te he escrito con una vena emocionada y nada más que café en la panza.
En la casa de enfrente han podado el árbol, la hija más pequeña ha pegado la nariz a la ventana, las palmas abre y alza como diciendo: "A dónde fue".
Está algo nerviosa, no sabe qué hacer, me doy cuenta que en realidad así estoy yo también.
Me vuelvo al cuarto, cojo como poseída la pluma y hojas, te escribo, lo envuelvo todo y parecen ser tus ojos que a veces me miran y pienso que así es como los niños se sienten en día de Reyes, así seguro es como siente el motor del tren cuando se va encendiendo, cuando se va alejando en el fragor del tráfico, es justo esto que siento lo que han de sentir las palomas al volar por el tejado.
Y hace algo de frío, a esta hora ya tendría que haber ido al circo esperando poder conocer a la mujer sirena que llora caballitos de mar, incluso ver alguno que otro trapecista con trompeta. Pero hace frío y el piso está mojado, opino que estos fragmentos de vida, algo dispersos, se empeñan en crearme la sensación de que no podré superar nunca tu risa, tu risa que es como el arte, la expresión mas sencilla y más directa al lugar en donde no hay pasado que mirar.
Me alejo como trotando de la habitación, siento este dolorcito, efecto colateral de haberte besado y alucinar que vienes a mi garganta cada noche, me siento en la mesa para desayunar porque yo no me mido por el rigor del tiempo y entonces tuesto el pan y aquí es donde ya no sé si a estos trocitos de beso me los como con sal o pimienta.
Uno piensa, come, bebe aunque se quiera solo abrir la boca para besar y son las tres de la tarde, el suelo está mojado y este azul es como el azul que fluctúa en el cielo y bueno, a este lado del charco todo sigue fluyendo.
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domingo, 13 de octubre de 2013
miércoles, 2 de octubre de 2013
...
Empieza a sonar el primer violín a las nueve menos veinte, no pensé que el concierto fuera a abrir con "Allegro non troppo e molto maestoso" pero me parece buena elección, una mujer camina y le estorban mis pies, busca su lugar, en las manos lleva una botella de agua que aplasta descontroladamente, eso me hace seguir su rastro hasta que llega a su lugar. Mi vecino de asiento no deja de cruzar las piernas, le acaricia la mano a su mujer mientras observa muy entretenido el cuerpo de la otra al caminar, me parece muy divertido el "jugar a que no te ven".
Entonces sonreí, recordé que tú y yo nos enamoramos tanto que decíamos siempre reconocernos en cualquier mirada y ahí están ellos, una pareja de violinistas que se miran fijo mientras afinan a 442hz.
El pianista mueve sus manos con muchísima precisión, seguramente una técnica ancestral le reside en el cerebro, en la mano del pianista todo se mueve, pareciera que desnudara a alguien con mucha calma. El director de orquesta busca captar su atención pero no lo consigue, ha de ser tarea complicada medir la fuerza con la que se golpeará una tecla.
De pronto sentí todo aquello como una bomba de tiempo: La botella de agua siendo aplastada, el jugueteo de manos de la pareja de a lado, la mirada lasciva, los violinistas enamorados, la técnica del pianista, la cara de tonto del director de orquesta. Todo, todo era una bomba de tiempo que iba a hacer "clack"muy pronto.
Sentí algo atorado entre las costillas, puede ser que algo me camina y no, no fue porque la maestra de ceremonias dijera que Tchaikovsky murió en 1840.
El "clack","clack"me persigue, ya no sé qué dolor es ni en qué parte exacta de mi corazón lo siento.
Ya, lo sé, que he caído en cuenta que esta melodía ha venido a recordarme cuánto me faltas, me entra tanta rabia que esta ha sido la primera vez que acepto (aunque diga lo contrario en clase) que el tiempo imperfecto del verbo indicativo es una mierda. Sí que lo es.
Y entonces el concierto acaba, de golpe, así como yo no te pedí que llegaras.
Entonces sonreí, recordé que tú y yo nos enamoramos tanto que decíamos siempre reconocernos en cualquier mirada y ahí están ellos, una pareja de violinistas que se miran fijo mientras afinan a 442hz.
El pianista mueve sus manos con muchísima precisión, seguramente una técnica ancestral le reside en el cerebro, en la mano del pianista todo se mueve, pareciera que desnudara a alguien con mucha calma. El director de orquesta busca captar su atención pero no lo consigue, ha de ser tarea complicada medir la fuerza con la que se golpeará una tecla.
De pronto sentí todo aquello como una bomba de tiempo: La botella de agua siendo aplastada, el jugueteo de manos de la pareja de a lado, la mirada lasciva, los violinistas enamorados, la técnica del pianista, la cara de tonto del director de orquesta. Todo, todo era una bomba de tiempo que iba a hacer "clack"muy pronto.
Sentí algo atorado entre las costillas, puede ser que algo me camina y no, no fue porque la maestra de ceremonias dijera que Tchaikovsky murió en 1840.
El "clack","clack"me persigue, ya no sé qué dolor es ni en qué parte exacta de mi corazón lo siento.
Ya, lo sé, que he caído en cuenta que esta melodía ha venido a recordarme cuánto me faltas, me entra tanta rabia que esta ha sido la primera vez que acepto (aunque diga lo contrario en clase) que el tiempo imperfecto del verbo indicativo es una mierda. Sí que lo es.
Y entonces el concierto acaba, de golpe, así como yo no te pedí que llegaras.
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