Ahora siento quizá como sienten los peces
que habitando en un manto precioso
no tienen voz para poder describirlo.
Como niño que llora, grita y ríe. Todo al mismo tiempo
cuando tiene sed.
Me estoy enamorando por octava, novena vez
tal vez más, de tus ojos que pasan como
ráfagas de sueños, sal, mejor dicho: un mar abierto.
Hay partes vivas en mi cuerpo que yo no descubría,
no sé de lo que estoy hablando pero
tal vez lo imaginas.