Soy adicta, así, de la manera más brutal a la historia, a los pistaches, a los tú y yo, a los días en los que nada pasa, a las banquetas escurridas de lluvia, a la gente que pasa escuchando porquería en la radio.
Otras veces me enloquecen las sonrisas, que me revientes el oido con te quieros y otras cuando callas más de lo normal.
Tengo años con la misma almohada, también soy adicta a ella, a los pueblos que aparecen en mis sueños y a las hazañas que hago arriba de una escalera para superar el miedo a las alturas y bueno, aquí te va lo importante, soy adicta, así, de la manera más brutal a tu gris, a las mañanas que son bastantes parecidas a ti.
Mira, yo nunca te encuentro común, te vivo tan plenamente que para escribirte a veces dejo pendiente la comida y me hago de oidos sordos, a veces me tiro contra la pared y garabateo, aparecen puntos, comas, a veces labios y fíjate que algunos son desconocidos.
A veces siento que escribo cuando no estás y voy haciendo rombos en el
aire con mi índice derecho, a veces cuando me baño hecho un vistazo
por encima del hombro y aprendo a diferenciar entre estadística y
estática y te vuelves palpable.
No puedo entre el crujir de la madera y lo caliente de tu espalda, me da miedo tirarte al suelo.
Siempre he hecho las cosas derecho, por eso me cuesta cuando me pides tomar la taza con la izquierda y que acaricie al mundo con la derecha.
Soy adicta también al pasto, a que riegues el jardín, a que le hables a las limas del árbol, a que me acampes.
Me han dicho que para todas estas, mis adicciones, hay una cura llamada "Filosofía para locos" que consiste en que nos imaginemos en blanco y negro, como un cuento. Hacernos de collares con lunares que vayamos encontrando, levitar sin aire, encontrarle cara a la luna, viajar en un barco de vela y pasear descalzos.
Yo prefiero quedarme así, por ejemplo, afuera son las diez, adentro de mi son las tú y tú y tú y tantas de la noche.
Verás, soy adicta y a veces no tengo voz pero tengo movimientos dialécticos, algo de decencia y un perro que se llama
Odeón.Voy a encenderme un cigarro,reincido siempre
que puedo, siempre que quiero y porque para verte como yo quiero tienes que
estar tras del humo, para que entonces pueda cerrar los ojos y pueda
verte minuciosamente, sentirte como jalea en los pulmones y voy a
ponerte en fila, en eje, en centro, razón, ética de todo y nada.
Lo que me gustaría decirte ahora, es que a veces vienes en forma de
cíclope, a veces como el alcohol que me quema la boca, como un par de
ojos paseando en París ¿Y así quien quiere volverse cuerdo?
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