Yo, borrosa al atardecer.
Y a veces no soy más que carne mientras tus ojos gotean,
Carne, molida, de veras molida.
Y a veces pienso en Dios, molido también, en los antepasados bailando sus sacrificios, estrellando sus cabezas mientras voy intentando dormirme y en realidad solo voy cayendo al territorio del amanecer.
Esta carne molida que ves ahora, que los niños avientan y que vuela a través de los muros, se seguirá estrellando una y otra vez contra la superficie y no podrás revolverla con huevos.
Así que prepárate para limpiar los rojos y soportar este cierto olor de miserabilidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario