Ya no sé para quién escribo,
para qué la ráfaga de viento que levanta faldas si aquí no se puede gemir.
Ya no sé para quién escribo,
para quién miro.
Para qué número de vidas he comprado la casa que tanto te gusta,
para cuántos los pasos de poder habitarla.
Ya no sé a cuántas luciérnagas hablé de ti,
Cuantos cientos de palabras tengo para decir, te extraño.
Yo ya no sé para quién escribo,
para quién el café y el periódico del domingo.
Para qué y a quién aguardan mis piernas,
para quién sueño y a quién abrigo.
¿Para quién apuesto? ¿Por quién me entierno? ¿Por quién me incendio?
No sé qué cosas unan, cuáles otras destruyan, ¿Pero qué importa ya?
De nada de esto te puedes enterar.
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