Verás, las manchas de café en mi camisa solo reflejan que no me gustan las cosquillas, no voy a dejar de morderme las uñas. Vamos, ni aunque me lo pidas.
Mira, tengo mañanas con sabor a nada. Hoy sonaron canciones al azar, me desperté cantando y no había audiencia. Los vecinos no hacen caso. Las paredes son delgadas y se me va el sueño a mitad de su pasión. Otra vez en medio de algo, como un puzzle que me quema por armar.
Me gusta memorizar abrazos y ese es mi problema. A veces me quedo mirando la estación del metro y sigo algunos pies, unas manos, unos ojos que miren hacia lo extraordinario.
Nunca he sabido que hacer cuando el pecho me late de prisa, siempre termino por perder la orientación.
Nunca estaré bailando bajo la lluvia, solo me gustan los pies mojados de mar.
Tampoco soy de promesas, confesiones ni mucho menos deportista. Pero a pesar de todos mis nuncas, de mi izquierda, de mis golpes de mal humor estoy aquí, porque supongo que juntos somos una ciudad pequeña.
Y tú estás aquí, bostezando. Te digo que no es sencillo quererte. Hablo con la lengua que conoces de punta a punta.
Entonces te escribo para decirte cuánto he de quererte como ahora te quiero.