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domingo, 24 de marzo de 2013
Loca célebre
Resulta que a veces creo que los adjetivos tienen colores aunque no sé de qué tono es el miedo, tampoco sé de donde viene la costumbre de cepillarme durante horas el cabello y después encender un fósforo y apagarlo para aspirar su aroma durante unos minutos,recuerdo que cuando niña, mamá me decía que si te quedas viendo la llama mucho tiempo, en la noche no puedes dormir, también me dijo que oler la gasolina era bueno para no marearme, no me dijo nada acerca de que fuera mala su combinación.
Siempre hay que crear- decía a menudo. Yo hice fuego en mi habitación y vaya, fue inédito, yo sonreía por entre el humo.
Desde ese día fui la loca célebre de la casa, lo malo fue que en esos días me quemé también las encías cuando me comía un elote, mamá me llevó a la clínica y en el camino me dijo:
¿Puedo pedirte algo?
-Claro (estoy segura de que no dije claro, con el dolorón que traía seguro solo asentí, pero mamá insiste que eso fue lo que dije).
-No asumas riesgos mayores.
Hace una semana estaba recordando este episodio mientras el cigarrillo se quemaba en la boca de Lorenzo, dignos los silencios ante el bruto calor de las tres de la tarde.Qué bonitos ojos tienes, me dijo un señor que iba pasando.
Me di cuenta que tenía los ojos verdes cuando en segundo año de primaria Erick Godinez se acercó y me dijo:
¿Tú ves los árboles más verdes?
Pues no sé cómo los veas tú- le contesté
-Yo digo porque tienes los ojos verdes.
Cuando fueron por mi a la escuela todo el camino de veinte minutos de regreso a la casa me vi los ojos por el retrovisor, por más raro que parezca, mi mamá nunca nos dejaba vernos al espejo, decía que era de niños muy osados estarse "mirujeando" todo el tiempo.
También recordaba que un día papá me preguntó que a dónde quería ir de vacaciones, Macedonia me parecía en ese entonces muy interesante, él creía que quería conocer a Mickey, a mi urgía estar ahí imaginándome la invasión turca, yo había leído mucho acerca de las ruinas de Heraclea Lincestis, quise ser novia de Heracles por mucho tiempo de mi vida, nada que ver con los príncipes de Disney.
Después de eso nunca me volvieron a preguntar a dónde quería ir de vacaciones.
Hace una semana escribía lo interesante que me parecía una Kodak de los años veinte y lo interesante que me resultabas tú, hacía comparaciones y me dio pena entregarte algo tan primitivo, a decir verdad todo estaba implícito, hasta las moscas a veces son útiles para anunciar días de humedad, no era necesario imaginarme ningún paisaje, preocuparme por la coagulación de mis realidades, por el flutter auricular, entonces si, me dije, esto es algo tan natural, una inflamación de adentro.
Yo sentí besarte hasta el cansancio, parecía que el mundo estaba enfurecido, la lluvia se mezclaba con el sudor de nuestra piel, mis ojos te estaban preparando una especie de venganza para cuando abrieras los tuyos pero il faut tenter de vivre, casi nos detienen por atentado al pudor.
Hubiera asegurado estar en Macedonia, en un cuarto que ardía por mi culpa, en una serie de palanguanas acuosas, pero un vaso de cartón del Starbucks fugaz y de un silbido, me situó en la realidad.
No asumas riesgos mayores, eso siempre me anda diciendo mi mamá.
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