Nunca antes me había preguntado qué pasa después de la muerte, al menos no me había preguntado en específico si después de la muerte existen recuerdos, que a dónde sea que vayas (realmente se va a algún lado? ) lo que sea que pase (si es que pasa algo) puedas desempacar unos cuantos.
Si fuese de esta manera, me gustaría recordar el vuelo de toda una noche en donde un chico le escribió a su novia por doce horas, todo el vuelo relatado para ella, cada detalle, incluso hasta la toma de decisión entre beber una coca cola regular y una coca cola light cuando la azafata se lo preguntó.
Se decidió por la coca cola regular y fue entonces cuando envidié por primera vez no estar enamorada.
Recordaría también mi primer puesta de sol en la playa, la cosquillosa sensación de una gota de sudor resbalando por mi pierna, el viento haciendo nada en mi cabello, la ceguera instantánea por mirar de frente al sol, la arena pegada al hueso.
Recordaría también el primer libro que leí y sabría por qué a partir de ahí no paré más, mis primeras palabras en francés, el primer volcán que vi, el primer cigarrillo que encendí, recordaría el primer abrazo de mi madre y el último consejo de mi padre, que fue lo primero que escribí y cuándo es que empecé a hablar bajito para escucharte más y mejor.
Si se pudiera, mezclaría todo esto en la licuadora para bebérmelo y sería lo más parecido a la primera vez que vi brillar tus labios.
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