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sábado, 10 de agosto de 2013

Nunca has pensado en huir al sur?

Busco pruebas, llevo cuatro días aquí, hago lo posible por caminar rápido con estos tacones para distinguir, de entre tantos, algún rostro conocido y así no tener que taparme la cara con las manos agarrotadas por el sueño que tuve anoche, pero nada, en México nunca están los mismos.

Lo peor de todo no es que eso me diera rabia, siempre tuve la impresión de que no perdía la vivacidad, de que no cambiaba el tono de mi voz y tampoco es el hecho de que caminando por aquí se quieran meter en las zonas privadas de todos, no, no solo es eso.

Hoy me tocaba comer sola, en el centro de la ciudad, venía de la oficina y recordaba algunos párrafos de "Tinísima" de Elena Poniatowska:

"Who are you?
"I am his comrade, his partner. May i have his clothes?"
"We are not giving you anything. We do, however, have some questions for you. I recommend that you think carefully before answering: anything you say can be used against you. Do you recognize the writing in this notebook as that of you comrade, or husband?
"Yes, it is".

El restaurante al que quiero ir para comer está cerrado porque está la misma gente de ayer protestando contra el gobierno, han cerrado la calle, debo rodear para llegar a ninguna parte porque no conozco más. Es insoportable sentir los pies tan vacíos y los ojos tan llenos.

Alguien murió hace días, lo sé porque una mujer se lo cuenta a su vecina llorando entre un tono revelador y sarcástico, recuerdo cuando mi perro murió, yo tenía diez años, me metí a llorar a la parte interna de mi ropero, creí que era el mejor lugar para sobrevivir a ese sufrimiento, ahí, en ese lugar oscuro, comencé a pensar que el átomo era divisible, que la materia se podía separar en partes hasta el infinito y me daba gracia imaginarlo como las mamushkas. Después, salí del ropero sin lágrimas y me comí un litro entero de helado de melón.

Solo me faltan unas cuadras más, varios minutos de mi vida para llegar a la plaza principal, debe ser desolador decirlo así, pero es que me hace falta mi rutina; En mi rutina nunca hay un hombre mostrando al máximo su desnudez por la calle, me parece un acto sensible pero prefiero lo mío a las tres de la tarde.

Qué hay debajo del suelo? le pregunté a un niño que me vendió un chicle, no hizo más que reír.
Qué hay más allá de las nubes? y volteó al cielo.
En dónde empiezan las estrellas?
Es natural empezarse a preguntar, le dije.

Recordé entonces cuando mi padre me preguntó si conocía los contornos del silencio, me sentí como ese niño que se acababa de ir con los ojos llenos de un mundo de adultos,
"Es eso"me dijo mi padre, cuando todo está "calladito", cuando el mundo duerme y tú cuentas historias en la cara de la luna.


Son verdes, a veces grises y con ellos observo desde la sombra a ese mimo que lleva quince minutos con una sonrisa y una flor, así, en la misma posición. Las palomas se pasean por la plaza, hace un sol agotador. Mariana, una niña de apenas tres se acerca corriendo tras el grito de su madre, le ha dado unos cinco pesos tal vez y él le regaló la flor. Hay un señor que mientras los observa, le bolean los zapatos y come una torta, mastica, no, no mastica, abre la boca y nunca la cierra, sus dientes incisivos penetran el pan, las manos lo halan, caen migajas encima de quien bolea, los molares empiezan a triturar, la mandíbula realiza sus movimientos laterales: uno, dos, tres, cierra, abre, la saliva va brotándole y aquí ya va la deglución.
Me da asco, dijeron mis células al unísono, Uf! adiós a la hora de comer.

Me estoy convenciendo, que después de todo, esta tarde es tan buena como cualquier otra.