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viernes, 31 de enero de 2014

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Viernes por la noche, salgo tarde del trabajo, doy algunos pasos por donde se acostumbra detenerse un momento para fumar, no hay nadie.
Me da un susto, no veo el coche, he olvidado que no encontré lugar al regresar de comer y me estacioné cuadras atrás, hago una recapitulación mental que dura si acaso un minuto y camino en dirección a encontrarlo. El teatro está lleno, la obra que se presenta es mala, sin embargo escucho a dos mujeres alegando en la taquilla porque ya no encontraron asientos disponibles, el vigilante ha puesto dos conos en el lugar en que me estacioné, está esperando a que me vaya para que pueda asignar mi lugar, hace siete horas que comí y lo único que siento en el estómago es la cerveza y el tequila que tomé, dentro del coche he encendido por error las luces altas y no recordaba como apagarlas, pensé que manejar así sería un insulto (pero pequeño e indefenso) para los demás y me apeteció.

Nadie va de copiloto, del disco que he puesto me gustan todas las canciones pero aunque es quincena no hay tanto tránsito para poder alcanzar a escucharlas todas, cedo el paso y así me gano un poco más de tiempo, incluso dejo pasar a un camión.

Viernes por la noche, a veces no se está tan lejos de esta hora que es presente ya. Leyendo un libro, conduciendo, haciendo una entrevista, pensando en ti justo ahora que tengo un cansancio de pesadas noches, justo ahora que duermes y se amontonan todas las flores del mundo.


Hay no tan lejos de esta hora que es presente ya, entre los troncos una sutil, diminuta hierba, más allá hay prados de narcisos, vapores y bruma, el viento exhala olivo.





jueves, 2 de enero de 2014

No es que me gustara comer lentejas, mucho menos con verduras. Tal vez lo que me gustaba es que fueran las dos de la tarde, las dos y cinco minutos, las dos y diez, no sé. Tal vez la felicidad de las dos de la tarde se resume en  esa extraña sensación de algunas  punzadas en la panza y no sabes si es hambre, si se trata de un dolor referido, de ansias o de qué, pero definitivamente se trata de algo.

Tampoco es que se pudiera hacer algo más interesante a las dos de la tarde que el paseo por el pasillo cargando el tupper de lentejas con verduras, ni la espera de un minuto cuarenta y cinco segundos viendo girar el platillo del microondas.

No, no es eso.

Creo que se trata de algo más profundo, como si a eso de las dos de la tarde fuera a dejar de ser miope y a las siete de la mañana no tuviera que suplicarle a mis pupilas que acepten ese cuerpo extraño, plastificado, que a veces arde y de igual manera me deja viendo borroso, pero no sé.

Tampoco es que la gasolina ya no cueste trece y centavos el litro a las dos de la tarde, esta felicidad vespertina tampoco nace porque a las dos de la tarde no se escuche el "tap" "tap"de los teclados porque no hay nadie, así como no hay tránsitos multando por la velocidad en zona escolar.

No, no es eso.

No es que esté empezando a leer un libro o terminándolo, bueno tal vez, pero  eso no es siempre, las cosas no se han dado así.
Tampoco es que a las dos cumpla años y no es que me haga la más feliz cumplir años.
No me gané la lotería y tampoco me estoy comiendo una tapioca.

Quizás es que a las dos de la tarde sea el preludio al silencio de una tarde en la que un hombre ha decidido dejar de fumar, o en la que alguien usa una bolsa de café como impermeable.

No sé. Tal vez es solo que no me molesta como están las cosas.