Me da un susto, no veo el coche, he olvidado que no encontré lugar al regresar de comer y me estacioné cuadras atrás, hago una recapitulación mental que dura si acaso un minuto y camino en dirección a encontrarlo. El teatro está lleno, la obra que se presenta es mala, sin embargo escucho a dos mujeres alegando en la taquilla porque ya no encontraron asientos disponibles, el vigilante ha puesto dos conos en el lugar en que me estacioné, está esperando a que me vaya para que pueda asignar mi lugar, hace siete horas que comí y lo único que siento en el estómago es la cerveza y el tequila que tomé, dentro del coche he encendido por error las luces altas y no recordaba como apagarlas, pensé que manejar así sería un insulto (pero pequeño e indefenso) para los demás y me apeteció.
Nadie va de copiloto, del disco que he puesto me gustan todas las canciones pero aunque es quincena no hay tanto tránsito para poder alcanzar a escucharlas todas, cedo el paso y así me gano un poco más de tiempo, incluso dejo pasar a un camión.
Viernes por la noche, a veces no se está tan lejos de esta hora que es presente ya. Leyendo un libro, conduciendo, haciendo una entrevista, pensando en ti justo ahora que tengo un cansancio de pesadas noches, justo ahora que duermes y se amontonan todas las flores del mundo.
Hay no tan lejos de esta hora que es presente ya, entre los troncos una sutil, diminuta hierba, más allá hay prados de narcisos, vapores y bruma, el viento exhala olivo.