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jueves, 20 de diciembre de 2012

Horas

¿Me puedes dar la hora?
Dártela no puedo porque las manecillas que se mueven nos son mis brazos que te llaman a lo lejos y el tic tac no viene de mi corazón, la hora no me pertenece, si así fuera, la transformaría en ahora, ahora con esta luna, a estas horas de la noche, la hora de ahora me salvaría del ruido y de las ganas de estar en tu ombligo,    pero te la puedo decir, ¿Cómo se dice la hora en un tono que te traiga la marea? porque ahí, precisamente ahí me encuentras desnuda. No sé. 

No sé en que tono decirte la hora para darte vida, para darte sombra, para heredarte un lugar que venga a ser todo lo que de niña yo creía.

Son las once menos veinte, menos tú, menos yo, menos el mundo y ¿Con ese resultado a quien diablos le podría importar la hora? Sin embargo te digo la hora y me altera la razón, porque a esta hora te llevo dentro, incontrolable, vorágine y ahí vas tú, olénadote y yo con las manos tibias por tanto tocarte.

¿Me puedes dar la hora?
Mejor te doy una sábana que tus pies en mi piel me dan mucho frío, mejor te doy un par de pulmones para que me cantes y corras y no te falte aliento.

¿Me puedes dar la hora?
¿Qué diablos te puede importar la hora cuando los besos que to doy son un eco del tiempo?





 


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