Vistas de página en total

domingo, 6 de enero de 2013

Cuento desde lejos

Uno, dos, dos y medio, tres... ¿Por qué se cuenta hasta el tres?

Me estallas en el cerebro, como pólvora de besos,
como cientos de compuestos orgánicos volátiles que del papel van al aire.
Te escribo a tres cuartas partes porque mi entero (mi cuerpo) está a los 281 metros de profundidad del lago que contempla esta cara, estos ojos que también miran gansos y el correr de dos niños con su perro como si no estuviera congelando aquí.

Uno, dos, dos y medio, tres, te escribo desde el lago Michigan, con dedos y pies entumidos, te escribo con la intención de alcanzarte,de que viaje hasta donde estés, de que estas palabras compitan con el viento, de que te enteres,de que te aturdas, de que por donde lo mires te encuentres, te escribo este cuento parecido a la ficción omitiendo tu nombre aunque por todas partes se encuentre.

Uno, dos, dos y medio, tres:

-Ese lago que ves es prestado-
-¿Cómo la ficción?-
-No, la ficción es estática porque nosotros la creamos y aveces le creemos-.
-Ese lago que ves es prestado, como el horizonte al que nos invitamos mirar-.
-Como el amor-Me dijiste y te dije.

-No es que no te quiera- lanzaste esas palabras con tu último beso y llegaron a mis labios con ese sabor tan insípido tuyo.
-Non, bien sûr que tu ne m' aimes pas.

Así despierto a las seis de la mañana desde hace cuatro meses, diez días, tres mil doscientas trece horas equivalentes a ciento cuarenta y seis vuelos a París de ida y vuelta, así despierto todos los días a las seis de la mañana recordando tu frase como la mejor alarma para el despertador.

-Parla un po' bassa- (pensé)
-No, no, sine lassala turmire, iddrha moi nu ppo capire- (me respondí)

No, no podrías comprender en aquél momento mientras dormías, ¿Por qué te miraba así? era la primer noche que compartíamos, no había viento, apagamos la música porque las melodías salían de otra parte y cuando cerraste los ojos, ahí, justo ahí preferí no dormir por verte dormir a ti.

-¿Vas a acordarte de mi?- Preguntaste en la mañana.

Justo la luz me entraba directo a los ojos por el espacio entre tus persianas,¿sería un centímetro entre cada una?  te estaba dando la espalda porque entre eso de las cinco y seis de la mañana tú te volteaste y después de conocer tus vértebras y pasar mis dedos como óleo por tu piel me dije: <<"Es hora de dejar secar este trabajo y ver como luce en la mañana">>

-¿Mande?
-¿Vas a acordarte de mi?- volviste a preguntar con cara preocupada.
-¿No debería de hacerlo?-
-¿Y qué si no te gusto ya?-
-Me encantas y si, si voy a acordarme de ti-

<<Que tonta respuesta, que tonta respuesta ¿Por qué no dije más? ¿Acordarme, eso es lo que le preocupa? pero que ojos tiene, no quiero que me deje de mirar pero tampoco puedo sostenerle la mirada>>.

Debí de haber puesto atención al verdadero significado de esa pregunta, a lo que se alcanzaba a asomar: tu inseguridad ¿de qué solemos acordarnos?
A mi por ejemplo, se me da muy bien el recordar todas las cosas que aprendo, me acuerdo de lo malo, de algunos peinados raros que he tenido por el transcurso del tiempo, pero vaya, eso de sentarme una tarde cualquiera  y acordarme de ti no lo había pensado, antes creía que te bastaría con el hecho de que al respirar ( veintiocho mil ochocientas veces al día) me dieran unas ganas terribles de ir corriendo para abrazarte y compartirte de mi oxígeno, pero no, supongo que ahora le gente "recuerda" demasiado.

Por los días en que te conocí me surgió una preocupación, tendría que escribir menos, leer menos, dormir menos, estirar el tiempo para pasarlo contigo, trabajar más, comer más, (porque tú si acostumbrabas cenar) ver películas de amor y llorar ¿Podré hacer eso algún día?

-Me llamo Jorge- apenas lo dije y me abrazaste, me llegó tu aroma mediterráneo, (madera, limón y ámbar, todas las notas de salida, medias y de fondo, las sigo percibiendo en los días de lluvia).
Sonreíste y así nos recibimos al mundo.

Hace cinco días que pasé por el restaurante en el que solíamos cenar, nuestra mesa no estaba ocupada, a un mesero se le cayó el té en tu silla, fue la primera vez que me alegré de no haberte llevado.

-¿Cuándo te enamoraste de mi?- (me preguntaste el primer día que cenábamos ahí)
-Il n'y a pas de réponses que tu dois attendre parce que tu la connais déjà.
-Inmediatamente- dijiste
-Si, inmediatamente.

-No es que no te quiera- Auch me duele acá a las seis de la mañana, ni hablar.

No lo creerías pero hay días en que imagino que tus ojos son globos, que voy llegando a una fiesta y veo como te reparten, como algunos niños te dejan libre al aire y otros te sostienen con miedo a perderte, (probablemente así me veía yo) y me dan unas ganas tremendas de pincharte para que ya no vueles más.

-Me alegra que no vayas a NY- te dije un día de Julio.
-A mi nunca me daría gusto algo así- dijiste.
-Bueno, pero es que no te quiero extrañar-

A veces no te encuentro y murmuro porque no puedo hacer otra cosa con tanto ruido en la ciudad,
a veces me dulcifico al recordar tu sonrisa conductora de electricidad, (esos treinta y dos dientes perfectos, tus labios y todo).

¿Pues que te cuento? que te fuiste y ya, descubrí el arte de dejarnos fluir, vi un día el amanecer naranja y me pareció tan poca cosa mi poesía, me tomé un tren que me llevara a la ciudad, pasé el Harrison Street Bridge, me dije que tu hoy no es parte de mi ahora y sentí como cuando de niño te giras un diente y que por fin cuando lo arrancas, ya aliviado, lo dejas ahí girando.

-Me llamo Jorge- te dije el último día que nos vimos, me abrazaste y me creció una fe de niño, por dentro crecieron flores una vez más pero entendí que recibir tu abrazo era como bajarle el precio a algo que no compraré.

-I wasn't ready to let go of anything, i remember hiding my face in your shoulders, but you, you just pulled me out of your life-
-No es que no te quiera-
-Yo sé, me quieres-
-¿Vas a acordarte de mi?
-Sólo lo que dura este segundo- respondí y me bajé por fin al mundo y sin recuerdos.







No hay comentarios:

Publicar un comentario