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lunes, 10 de diciembre de 2012
Cuando llego a casa me quito los lentes para sentarme a escribir y ver aves marinas donde no las hay,
esto de ser miope habría de servir de algo no crees?
A veces quisiera hasta sacarme la nariz y los ojos para meterlos en frascos con aroma a campos frescos como los de tu abuelo y nada, sólo logro un dolor en la espalda.
A veces te hablo con figuras de piedras y charcos, otras tantas no lo hago porque no tengo a donde más llevarte si no es a mi cuarto para besarte la risa.
Te hablo mucho en servilletas, en los semáforos en verde, en el primer café de la mañana, pero de todo esto no te voy a avisar, habrías de sentirlo como un mensaje en el desierto, como sudor escurriendo por la frente, como hambre de una garganta de la que nunca sale ni entra nada.
A veces quisiera abandonarte en Armenia, en la plaza Bolívar, y que regreses a México sólo si llevas puesto un sombrero y una caja de whisky, irnos a aquel bar en donde bebimos una Porter inglesa, en donde me escribiste: "Llegar a conocerte y no tenerte es de orates". Y en verdad que lo eres.
Estoy harta de hacernos la guerra y no el amor, de que descanses a tus anchas en cualquier rincón del mundo y no me obligues a buscarte, de que no sepas de que color se me pintaba la piel cuando me tocabas.
Que te estás perdiendo de un invierno sin mi, es evidente, de que te espere al próximo, también.
Y tú, tú cantas mucho para no comprar una pistola que venga directo hacia donde estoy, pero aunque sea con canciones cuando te disparan, sangras.
Se sangra en Septiembre, Octubre, Noviembre, Diciembre, no sé exactamente hasta que mes para, pero se sangra.
Cuando llego a casa me quito los lentes para sentarme a escribir y poner quejas mundiales sobre ti aunque siempre esté amándote y tu dando conciertos antes de dormir.
Estoy harta de hacernos la guerra y no el amor, de que mi corazón ya no abre entre semana.
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