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sábado, 1 de diciembre de 2012

Historia de amor para un diamante rosa

Me he sentado a la orilla del mar, puse a mi lado dos libros y una cajita de derroche entre mis manos,
me han preparado un gin tonic, cuando me preguntó el joven qué era lo que deseaba beber yo le respondí "Quiero el mar en las rocas", supongo que a él le sabe así.

Hace cinco minutos que abrí esta cajita que contiene la hipérbole de comercialización más mal usada del mundo, yo quería darle un mayor significado además del compromiso que me deja sentir con el propio brillo,  siempre imaginé que cuando fuera entregado, este diamante rosa contaría  una historia, se volvería loco de amor por ese dedo anular aunque fuera la primera vez que lo conociera, que lo sintiera y de pronto todo sería un latir para tres.

Verás, hace mucho aprendí que las puestas de sol en Galicia son lilas, doradas y rosas, de ahí que no se me ocurriera mejor lugar para traerlo, que se sintiera identificado y no tan triste por no pertenecerle a un dedo, por eso aquí va, una historia de amor para un diamante rosa:

Estamos dentro de un viaje, del viaje donde del carbón nacen los diamantes, me gusta pensar que en tu estado inicial viste algún dinosaurio, te desplazaste por todo el mundo, dormiste en cuevas, viste nacer a los niños de las tribus, escuchaste los planes del mundo y con todo este tiempo has podido comprobar que seguimos siendo los mismos animales pero ahora nos vestimos con tuxedos para gobernar al mundo.

¿Cuánta presión te hicieron sentir los miles de millones de años que preferiste transformarte eventualmente en una piedra preciosa?

Los diamantes como tú tienen la cualidad de "descubrirse" dos veces, cuando se extraen de los lechos o arroyos o arenas de África, en este descubrimiento te presentaste en bruto, te despertaron, naciste para llegar a tu segundo descubrimiento, las manos de cualquier hombre para pulirte.

Hiciste un largo viaje, llegaste a una tienda de París, hicieron un pedido para un gran amor y aquí estamos, tu y yo, sin besos en los labios que nos tiemblen del frío, me duele que sigas sin saber lo que es amor, yo ya lo he sentido por el litoral de su sonrisa, ojalá lo vivieras al menos una vez en la vida.

Me he parado y dejé la cajita de derroche en la arena,sepultada para que un día vayas por ella, vi a los ancianos caminar porque les sobra el tiempo, porque un buen día uno de ellos si encontró dedo anular para su anillo y la verdad es que pensé que corro aún con mucha suerte, tengo tanto amor por hacer, un chicle de menta y un anuncio panorámico en tu ciudad que cancelar, el que diría: "Vuelve y tráete el cuerpo", pero ya no lo quiero, eventualmente también me estoy convirtiendo en una piedra preciosa y por ahí habrá algún dedo anular que se vuelva loco por tenerme.













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