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jueves, 20 de diciembre de 2012

Horas

¿Me puedes dar la hora?
Dártela no puedo porque las manecillas que se mueven nos son mis brazos que te llaman a lo lejos y el tic tac no viene de mi corazón, la hora no me pertenece, si así fuera, la transformaría en ahora, ahora con esta luna, a estas horas de la noche, la hora de ahora me salvaría del ruido y de las ganas de estar en tu ombligo,    pero te la puedo decir, ¿Cómo se dice la hora en un tono que te traiga la marea? porque ahí, precisamente ahí me encuentras desnuda. No sé. 

No sé en que tono decirte la hora para darte vida, para darte sombra, para heredarte un lugar que venga a ser todo lo que de niña yo creía.

Son las once menos veinte, menos tú, menos yo, menos el mundo y ¿Con ese resultado a quien diablos le podría importar la hora? Sin embargo te digo la hora y me altera la razón, porque a esta hora te llevo dentro, incontrolable, vorágine y ahí vas tú, olénadote y yo con las manos tibias por tanto tocarte.

¿Me puedes dar la hora?
Mejor te doy una sábana que tus pies en mi piel me dan mucho frío, mejor te doy un par de pulmones para que me cantes y corras y no te falte aliento.

¿Me puedes dar la hora?
¿Qué diablos te puede importar la hora cuando los besos que to doy son un eco del tiempo?





 


martes, 18 de diciembre de 2012

Amor eterno de tres meses

Me da miedo no saborearte lo suficiente, que no te resulte complicado jalar esos, tus zapatos viejos y que te pongas a modo de promesa, te vayas y paremos de contarnos chistes,que dejemos de discutir por quién vio primero a quién, (Fuiste tú quien me vio primero) también me da miedo que no me regreses mis libros, que quieras cruzar ríos en cada segundo que viene con mi voz y te pierdas en la cresta de la inundación.

Me da miedo que a los tres meses de amor no lleguemos vivos, que provoquemos una guerra, que juguemos mal las cartas y que me duela acá, como grito desesperado, como bala en pecho, así y más.

Me da miedo no sentir los pies, que no caminen a tu ritmo, que pases del cine de arte y yo prefiera dejarte porque eso no tiene sentido.

Me da miedo que no sientas mi hormigueo, que la verdad a ti no te guste cruda porque no la sé cocinar, que no disfrutes de este segundo en el que no te digo nada porque la voz se me perdió en alguna coordenada, entre la espalda, la cama y tú.

Me da miedo dejar de ser diestra por usar más mi lado sentimental, que mires como tiemblo, como tierra donde nace un volcán.

Me da miedo el infierno de amor de tres meses que cedió tu potestad, que un día el mundo no me haga compañía y que viaje y viaje y viaje al centro de la tierra, no de tu tierra, de la de Verne tal vez, pero nunca a la tuya, que no entiendas cuando te hable en francés porque hay palabras que sólo las siento en francés.

Que tenga que sobrevivir a los inviernos, con vino y buenos amigos, que las paredes hablen y me lleven la contra, me da miedo que me entre tu perfume por la nariz también.

Me da miedo que no sepas que tus pestañas son como el telón que recién se levanta para ver cualquier paisaje desde la cima en la noche,
que son cuatro los segundos que me voy a tardar en comprobar de nuevo que a los corazones no les gusta la obediencia , que a veces, no ven las ventajas de la primavera, que debemos sumar más y restar menos, por eso a ese corazón, (al tuyo) le digo: cuídate la vida porque eres mi acto de fe más profundo y a ese ato de fe ya le crecen raíces.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cuarenta y cinco segundos de cada minuto

¿A dónde te fuiste?
 Me pregunto cada cuarenta y cinco segundos de cada minuto y llega el desastre.
¿Estarás en el pecho?¿En los ojos?¿En el café sin moler?
¿Estaré con el corazón despierto? ¿Dormido? ¿Cerrado?
Por ahora sólo sé que le toca baño porque suda cada que lo quiero arrojar por la azotea.

¿A dónde te fuiste?
Porque el infierno vino después y entonces me guardé la luna y este acorde menor.

¿A dónde te fuiste?
Que te llevaste mi cuento de amor de los años quince, los árboles del parque y la divina comedia.

¿A dónde te vas cada cuarenta y cinco segundos de cada minuto con los ojos cerrados?
¿Ni así nos ves tú y yo de la mano?

¿A dónde te fuiste con tanto amor mío que no te cabe en el cuerpo?
No importa, puedes quedarte con la playa, no voy a meter abogados, puede que vuelva otra vez.






lunes, 10 de diciembre de 2012


Cuando llego a casa me quito los lentes para sentarme a escribir y ver aves marinas donde no las hay,
esto de ser miope habría de servir de algo no crees?
A veces quisiera hasta sacarme la nariz y los ojos  para meterlos en frascos con aroma a campos frescos como los de tu abuelo y nada, sólo logro un dolor en la espalda.
A veces te hablo con figuras de piedras y charcos, otras tantas no lo hago porque no tengo a donde más llevarte si no es a mi cuarto para besarte la risa.

Te hablo mucho en servilletas, en los semáforos en verde, en el primer café de la mañana, pero de todo esto no te voy a avisar, habrías de sentirlo como un mensaje en el desierto, como sudor escurriendo por la frente, como hambre de una garganta de la que nunca sale ni entra nada.

A veces quisiera abandonarte en Armenia, en la plaza Bolívar, y que regreses a México sólo si llevas puesto un sombrero y una caja de whisky, irnos a aquel bar en donde bebimos una Porter inglesa, en donde me escribiste: "Llegar a conocerte y no tenerte es de orates". Y en verdad que lo eres.

Estoy harta de hacernos la guerra y no el amor, de que descanses a tus anchas en cualquier rincón del mundo y no me obligues a buscarte, de que no sepas de que color se me pintaba la piel cuando me tocabas.
Que te estás perdiendo de un invierno sin mi, es evidente, de que te espere al próximo, también.

Y tú, tú cantas mucho para no comprar una pistola que venga directo hacia donde estoy, pero aunque sea con canciones cuando te disparan, sangras.
Se sangra en Septiembre, Octubre, Noviembre, Diciembre, no sé exactamente hasta que mes para, pero se sangra.

Cuando llego a casa me quito los lentes para sentarme a escribir y poner quejas mundiales sobre ti aunque siempre esté amándote y tu dando conciertos antes de dormir.

Estoy harta de hacernos la guerra y no el amor, de que mi corazón ya no abre entre semana.













domingo, 2 de diciembre de 2012


Gracias a Dios mañana es lunes, me canso más los fines de semana que lo acumulado en la semana laboral,
de lunes a viernes tengo la cabeza demasiado formal como para pensar mucho en ti.
Llego a las ocho veinte de la mañana si no me distraigo viendo una caravana de hormigas, como mucho estoy a las ocho treinta en mi escritorio, saco libretas, apuntes, acomodo mis tazas, leo la primer noticia que me parezca interesante y me siento como un niño pequeño, de esos que tienen la capacidad para ver grandes cosas en los pequeños detalles, para darle nombre distinto a todo y para interpretar la vida en forma diferente a la perspectiva adulta.

Así me siento a las ocho y media, pero a las seis de la mañana es fatal, siempre me pregunto por qué el despertador no puede ser más dadivoso y siempre le hago la misma pregunta: ¿Es ese mundo exterior tan importante? no tardo ni un segundo en contestarme que sí.

Llegan las ocho treinta de la noche y llego a casa, eso de que te paguen por escribir se siente raro pero no está mal, así que llego directo montando la guardia, como un soldado a la mitad  de cualquier fila de guerra; con mucha lealtad.

Cuando comienzo a escribir nunca recuerdo los nombres exactos que por la tarde inventé para disimular y no escribir el tuyo, y bueno, siempre acabo por poner nombres serenos, profundos y me corto las ganas de escribir finales tristísimos porque me han dicho que hay ciertos nichos a los que se debe llegar, a veces no hago caso y más si me dan las once de la noche, a esa hora me alimenta tu deseo sin límites.

Mientras tanto, la gente puede irse a leer cualquier otra cosa, algunos cuentos, cuentos que puede que tomen forma, pero no la mía y ahí puede que los pajaritos canten y hasta organicen una fiesta de tonos y silbidos, que aburrido, a mi me interesa más el gemido del ave.

Hoy que es domingo a las nueve treinta y seis de la noche, debería de estar por terminar la clase del martes, hablaré del Congo Belga, de Patrice Lumumba y de Dag Hamarskjold, pero no puedo más con eso,hay llamaradas en mi cabeza y tuestan todo, menos las ganas de escribir acerca de como me gusta la forma en que dices mi nombre y me siento de pronto como de cinco años, en donde todo lo que ocurre es natural y lo natural es no hacer tarea en domingo.

Por eso, tanto en mi sueño como en mi vientre me sigue alimentando algo tan delirante que nos une, por eso ahora sé lo que siente un halcón peregrino cuando lo capturan y no puede llegar a la cuenca Amazónica, por eso en la medida de lo temporal estás dentro y fuera de mi delirio, ojalá fueras siempre más adentro.

Adorarte es un acto infinito, pero gracias a Dios, a los astros, al cambio de los rosales, mañana es lunes y es como un remanso de paz en la tormenta.








sábado, 1 de diciembre de 2012

Historia de amor para un diamante rosa

Me he sentado a la orilla del mar, puse a mi lado dos libros y una cajita de derroche entre mis manos,
me han preparado un gin tonic, cuando me preguntó el joven qué era lo que deseaba beber yo le respondí "Quiero el mar en las rocas", supongo que a él le sabe así.

Hace cinco minutos que abrí esta cajita que contiene la hipérbole de comercialización más mal usada del mundo, yo quería darle un mayor significado además del compromiso que me deja sentir con el propio brillo,  siempre imaginé que cuando fuera entregado, este diamante rosa contaría  una historia, se volvería loco de amor por ese dedo anular aunque fuera la primera vez que lo conociera, que lo sintiera y de pronto todo sería un latir para tres.

Verás, hace mucho aprendí que las puestas de sol en Galicia son lilas, doradas y rosas, de ahí que no se me ocurriera mejor lugar para traerlo, que se sintiera identificado y no tan triste por no pertenecerle a un dedo, por eso aquí va, una historia de amor para un diamante rosa:

Estamos dentro de un viaje, del viaje donde del carbón nacen los diamantes, me gusta pensar que en tu estado inicial viste algún dinosaurio, te desplazaste por todo el mundo, dormiste en cuevas, viste nacer a los niños de las tribus, escuchaste los planes del mundo y con todo este tiempo has podido comprobar que seguimos siendo los mismos animales pero ahora nos vestimos con tuxedos para gobernar al mundo.

¿Cuánta presión te hicieron sentir los miles de millones de años que preferiste transformarte eventualmente en una piedra preciosa?

Los diamantes como tú tienen la cualidad de "descubrirse" dos veces, cuando se extraen de los lechos o arroyos o arenas de África, en este descubrimiento te presentaste en bruto, te despertaron, naciste para llegar a tu segundo descubrimiento, las manos de cualquier hombre para pulirte.

Hiciste un largo viaje, llegaste a una tienda de París, hicieron un pedido para un gran amor y aquí estamos, tu y yo, sin besos en los labios que nos tiemblen del frío, me duele que sigas sin saber lo que es amor, yo ya lo he sentido por el litoral de su sonrisa, ojalá lo vivieras al menos una vez en la vida.

Me he parado y dejé la cajita de derroche en la arena,sepultada para que un día vayas por ella, vi a los ancianos caminar porque les sobra el tiempo, porque un buen día uno de ellos si encontró dedo anular para su anillo y la verdad es que pensé que corro aún con mucha suerte, tengo tanto amor por hacer, un chicle de menta y un anuncio panorámico en tu ciudad que cancelar, el que diría: "Vuelve y tráete el cuerpo", pero ya no lo quiero, eventualmente también me estoy convirtiendo en una piedra preciosa y por ahí habrá algún dedo anular que se vuelva loco por tenerme.













jueves, 29 de noviembre de 2012

Estoy loca, amo mi collins.

Yo pondría tu nombre en todas las banquetas del mundo que hay que caminar para llegar a las escuelas, a las cafeterías, a las tienditas de la esquina, incluso en las paredes enormes y mal pintadas de este aeropuerto, pondría tu nombre completo, nada de diminutivos para que sepan que hablo de ti y así, si alguien te conoce pueda irte a decir que me volví loca.

Aquí algo pasó con el aire acondicionado, la gente se está quejando, yo he sacado mi collins para subrayar las palabras que mejor califiquen esta situación, ojalá hubiera un collins de gestos y que se dividiera por edades, continentes, intereses, así cargaría uno para cada destino y ocasión.
Amo mi collins y siempre que puedo lo digo, hasta he pensado que deberían de pagarme por tanta publicidad que le hago, tendré que buscar contactos.

Bueno, lo que estaba pensando justo antes de escuchar a la señora de enfrente quejarse por tan placenteros 23 grados que siente mi piel, era eso, que yo pondría tu nombre en todos los asientos esperando atinarle a alguno y que te sientes conmigo, pondría tu nombre en los párpados de todo aquel que no estuviese despierto, en los de quien contempla el mundo y no te ve, para acabar pronto, pondría tu nombre  hasta en los párpados de mi madre para que te conozca.

Estoy loca, amo mi collins y siempre pienso en ti.