Gracias a Dios mañana es lunes, me canso más los fines de semana que lo acumulado en la semana laboral,
de lunes a viernes tengo la cabeza demasiado formal como para pensar mucho en ti.
Llego a las ocho veinte de la mañana si no me distraigo viendo una caravana de hormigas, como mucho estoy a las ocho treinta en mi escritorio, saco libretas, apuntes, acomodo mis tazas, leo la primer noticia que me parezca interesante y me siento como un niño pequeño, de esos que tienen la capacidad para ver grandes cosas en los pequeños detalles, para darle nombre distinto a todo y para interpretar la vida en forma diferente a la perspectiva adulta.
Así me siento a las ocho y media, pero a las seis de la mañana es fatal, siempre me pregunto por qué el despertador no puede ser más dadivoso y siempre le hago la misma pregunta: ¿Es ese mundo exterior tan importante? no tardo ni un segundo en contestarme que sí.
Llegan las ocho treinta de la noche y llego a casa, eso de que te paguen por escribir se siente raro pero no está mal, así que llego directo montando la guardia, como un soldado a la mitad de cualquier fila de guerra; con mucha lealtad.
Cuando comienzo a escribir nunca recuerdo los nombres exactos que por la tarde inventé para disimular y no escribir el tuyo, y bueno, siempre acabo por poner nombres serenos, profundos y me corto las ganas de escribir finales tristísimos porque me han dicho que hay ciertos nichos a los que se debe llegar, a veces no hago caso y más si me dan las once de la noche, a esa hora me alimenta tu deseo sin límites.
Mientras tanto, la gente puede irse a leer cualquier otra cosa, algunos cuentos, cuentos que puede que tomen forma, pero no la mía y ahí puede que los pajaritos canten y hasta organicen una fiesta de tonos y silbidos, que aburrido, a mi me interesa más el gemido del ave.
Hoy que es domingo a las nueve treinta y seis de la noche, debería de estar por terminar la clase del martes, hablaré del Congo Belga, de Patrice Lumumba y de Dag Hamarskjold, pero no puedo más con eso,hay llamaradas en mi cabeza y tuestan todo, menos las ganas de escribir acerca de como me gusta la forma en que dices mi nombre y me siento de pronto como de cinco años, en donde todo lo que ocurre es natural y lo natural es no hacer tarea en domingo.
Por eso, tanto en mi sueño como en mi vientre me sigue alimentando algo tan delirante que nos une, por eso ahora sé lo que siente un halcón peregrino cuando lo capturan y no puede llegar a la cuenca Amazónica, por eso en la medida de lo temporal estás dentro y fuera de mi delirio, ojalá fueras siempre más adentro.
Adorarte es un acto infinito, pero gracias a Dios, a los astros, al cambio de los rosales, mañana es lunes y es como un remanso de paz en la tormenta.