Soy adicta, así, de la manera más brutal a la historia, a los pistaches, a los tú y yo, a los días en los que nada pasa, a las banquetas escurridas de lluvia, a la gente que pasa escuchando porquería en la radio.
Otras veces me enloquecen las sonrisas, que me revientes el oido con te quieros y otras cuando callas más de lo normal.
Tengo años con la misma almohada, también soy adicta a ella, a los pueblos que aparecen en mis sueños y a las hazañas que hago arriba de una escalera para superar el miedo a las alturas y bueno, aquí te va lo importante, soy adicta, así, de la manera más brutal a tu gris, a las mañanas que son bastantes parecidas a ti.
Mira, yo nunca te encuentro común, te vivo tan plenamente que para escribirte a veces dejo pendiente la comida y me hago de oidos sordos, a veces me tiro contra la pared y garabateo, aparecen puntos, comas, a veces labios y fíjate que algunos son desconocidos.
A veces siento que escribo cuando no estás y voy haciendo rombos en el
aire con mi índice derecho, a veces cuando me baño hecho un vistazo
por encima del hombro y aprendo a diferenciar entre estadística y
estática y te vuelves palpable.
No puedo entre el crujir de la madera y lo caliente de tu espalda, me da miedo tirarte al suelo.
Siempre he hecho las cosas derecho, por eso me cuesta cuando me pides tomar la taza con la izquierda y que acaricie al mundo con la derecha.
Soy adicta también al pasto, a que riegues el jardín, a que le hables a las limas del árbol, a que me acampes.
Me han dicho que para todas estas, mis adicciones, hay una cura llamada "Filosofía para locos" que consiste en que nos imaginemos en blanco y negro, como un cuento. Hacernos de collares con lunares que vayamos encontrando, levitar sin aire, encontrarle cara a la luna, viajar en un barco de vela y pasear descalzos.
Yo prefiero quedarme así, por ejemplo, afuera son las diez, adentro de mi son las tú y tú y tú y tantas de la noche.
Verás, soy adicta y a veces no tengo voz pero tengo movimientos dialécticos, algo de decencia y un perro que se llama
Odeón.Voy a encenderme un cigarro,reincido siempre
que puedo, siempre que quiero y porque para verte como yo quiero tienes que
estar tras del humo, para que entonces pueda cerrar los ojos y pueda
verte minuciosamente, sentirte como jalea en los pulmones y voy a
ponerte en fila, en eje, en centro, razón, ética de todo y nada.
Lo que me gustaría decirte ahora, es que a veces vienes en forma de
cíclope, a veces como el alcohol que me quema la boca, como un par de
ojos paseando en París ¿Y así quien quiere volverse cuerdo?
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martes, 2 de abril de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
Loca célebre
Resulta que a veces creo que los adjetivos tienen colores aunque no sé de qué tono es el miedo, tampoco sé de donde viene la costumbre de cepillarme durante horas el cabello y después encender un fósforo y apagarlo para aspirar su aroma durante unos minutos,recuerdo que cuando niña, mamá me decía que si te quedas viendo la llama mucho tiempo, en la noche no puedes dormir, también me dijo que oler la gasolina era bueno para no marearme, no me dijo nada acerca de que fuera mala su combinación.
Siempre hay que crear- decía a menudo. Yo hice fuego en mi habitación y vaya, fue inédito, yo sonreía por entre el humo.
Desde ese día fui la loca célebre de la casa, lo malo fue que en esos días me quemé también las encías cuando me comía un elote, mamá me llevó a la clínica y en el camino me dijo:
¿Puedo pedirte algo?
-Claro (estoy segura de que no dije claro, con el dolorón que traía seguro solo asentí, pero mamá insiste que eso fue lo que dije).
-No asumas riesgos mayores.
Hace una semana estaba recordando este episodio mientras el cigarrillo se quemaba en la boca de Lorenzo, dignos los silencios ante el bruto calor de las tres de la tarde.Qué bonitos ojos tienes, me dijo un señor que iba pasando.
Me di cuenta que tenía los ojos verdes cuando en segundo año de primaria Erick Godinez se acercó y me dijo:
¿Tú ves los árboles más verdes?
Pues no sé cómo los veas tú- le contesté
-Yo digo porque tienes los ojos verdes.
Cuando fueron por mi a la escuela todo el camino de veinte minutos de regreso a la casa me vi los ojos por el retrovisor, por más raro que parezca, mi mamá nunca nos dejaba vernos al espejo, decía que era de niños muy osados estarse "mirujeando" todo el tiempo.
También recordaba que un día papá me preguntó que a dónde quería ir de vacaciones, Macedonia me parecía en ese entonces muy interesante, él creía que quería conocer a Mickey, a mi urgía estar ahí imaginándome la invasión turca, yo había leído mucho acerca de las ruinas de Heraclea Lincestis, quise ser novia de Heracles por mucho tiempo de mi vida, nada que ver con los príncipes de Disney.
Después de eso nunca me volvieron a preguntar a dónde quería ir de vacaciones.
Hace una semana escribía lo interesante que me parecía una Kodak de los años veinte y lo interesante que me resultabas tú, hacía comparaciones y me dio pena entregarte algo tan primitivo, a decir verdad todo estaba implícito, hasta las moscas a veces son útiles para anunciar días de humedad, no era necesario imaginarme ningún paisaje, preocuparme por la coagulación de mis realidades, por el flutter auricular, entonces si, me dije, esto es algo tan natural, una inflamación de adentro.
Yo sentí besarte hasta el cansancio, parecía que el mundo estaba enfurecido, la lluvia se mezclaba con el sudor de nuestra piel, mis ojos te estaban preparando una especie de venganza para cuando abrieras los tuyos pero il faut tenter de vivre, casi nos detienen por atentado al pudor.
Hubiera asegurado estar en Macedonia, en un cuarto que ardía por mi culpa, en una serie de palanguanas acuosas, pero un vaso de cartón del Starbucks fugaz y de un silbido, me situó en la realidad.
No asumas riesgos mayores, eso siempre me anda diciendo mi mamá.
miércoles, 20 de marzo de 2013
Pum! Pum!
Es la una con una de la madrugada, siempre me he preguntado si decimos madrugada para sonar bastante dramáticos por encontrarnos despiertos a tan temprana o tardía hora, quien sabe, bien podría haber escrito que es la una de la mañana del miércoles 20 de Marzo, y entendían lo mismo ¿qué no? yo me dormí a las diez de la noche del martes pero me despertó un mensaje de texto aunque el no molestar de mi celular se activa a las nueve treinta de la noche y vuelve a la vida a las seis de la mañana (¿madrugada?)
Mi mamá dice que es muy malo que duerma con el celular acomodado en un lugar estratégico para que cuando suene la alarma por la mañana no tenga que buscarlo entre las sábanas, el buró o el piso, por eso lo acomodo a cinco centímetros de mi cien derecha aunque en realidad es la izquierda porque duermo bocabajo, puede que tenga mucho que ver o tal vez nada pero el caso es que escuché una milésima de interferencia entre mi cerebro y la almohada, vi el mensaje, bajé por un vaso de agua, me retorcí un poco en la cama, me sobé la pierna izquierda porque en mi sueño una sanguijuela me recorría, que asco, todavia puedo sentir sus movimientos, el miedo que me daba pensar que podia llegarme más arriba y ahora que estoy despierta realmente siento dolor, no puedo volver a dormirme, he empezado a desvariar, me dan unas ganas tremendas de escribir y recuerdo que la libreta, pluma, laptop y todo lo necesario lo dejé en la oficina, pasan unos tres minutos y creo que voy a sentarme y hacer mucho ruido en la máquina de escribir, le acabo de cambiar la tinta así que ya nada me puede detener, empiezo a teclear dos que tres letras y escucho el shh que proviene del cuarto de mi mamá a unos cuantos metros, ¡Me lleva! con la flojera que me da a esta hora buscar algún pedazo de papel, usar el celular para redactar un correo o lo que sea, ¿qué tanto es tantito? Y tecleo letra por letra como sí esto fuera a escucharse menos o a no escucharse en lo absoluto, pum pum pum ese sonido que emano gracias a mi amigo, el dedo índice hace que mi hermano tenga su primer encuentro (en el próximo minuto) con un artefacto como este, mi olivetti estudio 46, confundido por el ruido se altera y piensa que acaban de dispararle a alguien en la cuadra, ¡mamá! ¡mamá! agáchate y mi mamá que se agacha, el perro empieza a ladrar como sí afuera estuviera el camión de la coca y nos fuera a salvar de un gran robo, ¡hay pero como eres bruto! le digo, ¿balazos? Pum pum ya vete a dormir, mi mamá confisca la olivetti, me retuerzo nuevamente, lo que ahora me urge saber es si así sentirá Servando cuando Arturo le pone un libro enfrente, a sus escasos meses de nacido y luego comienza a leerle, pum pum, clap, clap, el asesino se acerca, la casa retumba Servando (me imagino que así le lee Arturo emocionado) y de pronto recuerdo, Arturo hizo que bajara una aplicación de esas que nunca pensé usar que se llama note, para escritores empedernidos, me vuelve el azúcar al cuerpo, ya estoy lista para escribir, mis pulgares se activan pero ya es muy tarde y mañana hay que trabajar, pum, pum!
domingo, 17 de marzo de 2013
Prometiste no dejarme, yo prometí comer más.
Un día con el aire volaron unas pequeñas moléculas de agua, agua quieta que venía del río y su luminosa transparencia reposó unos momentos en mi cara, estaba en una banca que recién había sido pintada de verde, (cuando fue blanca me gustaba más) estaba ya oscureciendo, sentí que sudaba, que dejaba por instantes de parpadear, incluso sentía como la sangre me iba caminando caliente, cada vez más caliente por los labios y es que tenía cinco noches esperando que llegaran las once del veintitrés de Septiembre, tuve que mentirle a mi madre cuando me preguntaba por qué tanto nervio, por qué tanto grito en mi sueño y es que por esos días mi mente era un torbellino, me devoraba cada insípido segundo de vida que separaba tu ombligo del mio (pero que mierda es eso, siempre me gustó tu ombligo) es la fiebre, es la tesis madre.
La tesis, la tesis, me repetía ella.
Estaba ya oscureciendo y aquellas moléculas de agua terminaron por secarse en mi cara, pasé los dedos acomodando mis tres vértebras, me restiré un poco y yo estaba sin zapatos, mis dedos del pie hacían amistad con algunas piedritas de río, tuve que poner pause al reproductor justo en mi parte favorita: "You're in my blood, you're my holy wine, You taste so bitter and so sweet, oh I...
Me puse zapatos, me acomodé el cabello, (no tanto) entré como relámpago a mi casa, me puse la maleta que había hecho cinco noches antes en el hombro, no pesaba tanto, llevaba tres libros, dos vestidos, cepillo de dientes pero no empaqué pijama.
¿La tesis verdad? dijo mi madre, por primera vez la dejé hablando sola, vi como le temblaron las manos, no me importó, a mi me temblaban más los pies.
Me tomó algo de tiempo tomar un taxi, a esa hora ya no me importaba si tenía los vidrios oscuros o no, si la cara del taxista era amigable o no,tampoco iba a tomar nota de las placas ¿a quién carajos le pensaba avisar si algo me pasaba? yo tenía que llegar a la central de autobuses a las siete con treinta y el tránsito de esta ciudad desde las 6 de la tarde hasta las ocho de la noche es infernal, si vas en ambulancia seguro aún así te mueres antes de llegar al hospital.
Tengo cara de pocos amigos y subiéndome al taxi de inmediato levante mi barda amurallada para no tener una conversación con el taxista, nunca digo nada de cualquier manera, sólo escucho, pero esta vez quería aprovechar el tiempo para escribir algo acerca del pequeño viaje que me llevaría a ti, pero al taxista no le importó que me pusiera audífonos y sacara la moleskine (recuerdo que cuando estudiaba mi licenciatura un profesor me dijo que no debería gastar las hojas de ese tipo de libreta en algo tan simple como una clase, me molesté un poco ¿Qué clase de recomendación era aquella? a este punto le doy la razón, esa fue la única clase en la que no aprendí nada, seguro aquellas páginas debieron de haber contenido algo mejor).
Guadalupe odiaba su nombre, resulta que su madre se lo puso porque todos los hombres de su familia lo habían llevado desde tiempos ancestrales, él también le había puesto así a su hijo mayor para seguir con la tradición aunque sentía que le estaba arruinando la vida, le pregunté varias veces la razón de heredarle algo que tanto odiaba a su hijo y se limitó a decirme que con el tiempo entendería los comportamientos aberrantes de la edad adulta.
Estuvimos veinte minutos atrapados en el centro porque habían atropellado a una mujer que no quiso atravesar la calle por el puente peatonal y murió al impacto del camión, me desesperé frente a una situación tan estúpida: la flojera, la imprudencia, la velocidad del camión, los tránsitos que lejos de ayudar estorban, los ojos morbosos de los espectadores al ver un cuerpo tapado con un pedazo de tela azul y fue ahí cuando me di cuenta que querer verte saca lo peor de mi.
Mientras todo ese circo se presentaba en la calle sin cobrar entrada yo me imaginaba en una máquina de vapor, hubiera sido increíble ir en un vagón con su escandalosa maquinaria tomando el té y pensar a ratos en ti, pero bueno no estamos en 1824 para darme ese lujo.
Por fin aquella lucha por llegar a la central había terminado, Guadalupe me cobró setenta y tres pesos por el aventón, yo traía un billete de cien pesos y otros verdes con el emblema "In God we trust" pues para verte había que salir del país y hablar en english, así que no me esperé a que me diera el cambio y corrí a la sala impaciente a que llegara el autobús.
¿A cuántos pasos se puede estar del amor? me pregunté al estampar mi frente a la ventanilla del camión, ¿Ya habrás salido del trabajo? ¿Estará haciendo frío? ¿Llegaremos a tiempo a nuestra reservación?
Preguntas estúpidas cuando yo solo quería llegar y que me hicieras el amor, sin cena, sin preámbulo, sin miramientos, sin cuidados, así tal cual, el amor y ya.
Tuve suerte esta vez y nadie se sentó en el asiento vecino así que cuando me cansé de contar los nopales del paisaje árido giré mi cuerpo y me acosté en los dos asientos, no es mucho el trayecto, cuatro horas y fracción, tiempo suficiente para que pasen las mismas películas sin sentido de siempre, yo por eso mejor te escribo.
Siempre te he querido como si fuera un animal, como si alguien desde la selva tocara una flauta y se me afinaran los sentidos, como si fueras el único ser humano cuerdo en la tierra cuando sé muy bien que no es así, siento que ha pasado una eternidad, presiento que me quedé dormida al menos una hora de camino pero mis cuentas no salen, siento que mi reloj se atrasa y empieza la cantaleta del grillo nocturno.
Fue hasta esa tranquilidad que me puse a pensar en la mujer muerta que vi en la calle, me sentí maldecida por haber visto la muerte ese mismo día que contigo quise ver la vida, ¿Cuántos años tendría? ¿A dónde iba? me sentí mal por juzgarla de imprudente, tal vez alguna razón tendría para no querer cruzar por el puente peatonal ¿También tendría prisa como yo? que trágica muerte- pensé y recordé una frase de algún libro de Mastreta: "Si uno se ha de morir, mejor dar la sorpresa que andar fastidiando desde antes". Intento dejar de pensar en eso pero es eso o concentrarme en el carraspeo del señor de tres filas hacia atrás.
No recuerdo a qué edad te empecé a querer, tal vez fue al abrir los ojos por primera vez, al tomar el primer libro, tal vez te quiero desde que me levanto a las ocho de la mañana para no hacer nada, no sé, tampoco sé por que me empeño en escribir en papel cuando traigo laptop, el movimiento constante hace de mi letra algo más dramático que Shakespeare enamorado y bueno, es que a mi no me corre la sangre de artista.
He estado aquí, en esta carretera diez veces anteriores, fue a principios de mayo cuando embriagada viajé a tu país sin que supieras, llegué al centro de ese mundo, una gran isla y abriste la puerta de tu pequeño apartamento ¿Qué sabes de las oxidianas?- Te pregunté sin decir hola.
No sabías nada de las oxidianas pero te perdoné de golpe.
He estado aquí, en esta carretera diez veces anteriores, y en ninguna había imaginado lo que tendríamos por decir, pero ahora sé precisamente que decir y lo que me dirás:
Si tú supieras cuánto te quiero, si supieras que el cielo se ha cambiado de ropa cinco veces para llamar tu atención.Si supieras que la lluvia se avienta de un precipicio para que la salves, si supieras que las montañas son un piano lleno de notas calladas, si supieras que las mujeres usan falda cuando quieren borrar la tristeza del mundo. Que el mundo es triste tres veces por semana, si supieras que un libro tiene tu nombre y se lo quita para poder dormir. Si supieras que la mesa de casa está servida. Que el dolor de la humanidad está en el pecho de los llamados olvidados que zarpan en barcos de papel con rumbo a la soledad.
Si supieras que todo el amor que te tengo no es más que el reflejo de los volcanes que ahora miras, si tan sólo supieras que he visto árboles peleando por un pájaro, volviéndose celosos por un nido acordándose de ti.
¿Por qué te empeñas en matarme ciertos días del mes, a determinada hora?
Porque te veo en muchos lados ¿Acaso tú no lo ves?
¿Qué se hace con lo que aún estando ciego se ve?
Se toma, se palpa, se invoca, se hace suyo en la forma que quieras...
¿Recuerdas cuando me dijiste que no sabías a qué olían todos los mares pero que seguro olían a mi recién levantada? Pues yo recién levantada sigo latiendo en ti aunque tú sigas durmiendo.
Me estoy haciendo nudo, me quiebro, y cuando no te tengo te pongo en bocas que no tienen nombre, tú podrás encontrarte con quien crea saberlo todo, con quien no tenga respuestas para nada, con quien todo lo ignore y con quien quiera abandonarlo todo. Pero allí entre tanta gente sabrás cuántas veces te has encontrado conmigo. Y yo, en medio de mil tempestades, sabré cómo eres un buzo que se mete entre las aguas desconocidas.
Yo buscaré tu sonrisa en el espejo del río, en los labios de quien sea encontraré tus huellas, te sentirás devorado, te desplomarás por dentro, si un día te me vas yo te bendeciré desde otros ojos y sabrás que son los míos los labios que besas y sabrás que son mis pechos los que se mecen en tu espalda, y sabrás que es mi esperanza la que te dice que te ama en otra boca. Sabrás que soy yo en cada mano y cara que seduzcas. Porque soy la calma y la dulzura, la tranquilidad y el huracán que siempre ha rodeado tu alma.
El autobús se ha parado, he llegado a tu país, me estás esperando con una sonrisa y unos ojos verdes que me hacen llorar, estamos a veintitrés de Septiembre de quien sabe que año.
Te quiero, no hay otra forma de decirlo, te pienso, no hay otra forma de resumirlo, te espero, no hay mejor superlativo, te adoro, no hay mejor diminutivo, nos queremos, no hay mejor CÓDIGO entre tú y yo.
viernes, 8 de marzo de 2013
Defensa Nacional # 5
Te escribo esta carta atemporal con entrega a domicilio:
Defensa Nacional # 5 (calle del arte)
Es un hecho, no he muerto, lejos estoy de hacerlo.
Intenté morirme a ratos pero siempre despertaba con el sol al día siguiente.
No es para tanto, es sólo que desde hace tiempo me rondan la cabeza toda clase de palabras sobre ti y algunas de ellas, estoy segura, sólo han nacido para acariciarte.
Odio la imbecilidad que me da a ratos, como cuando me dan ganas de aprenderme los escondites de tu cuarto o ser el empedrado de tu calle, a veces siento que no tengo remedio.
Durante los días que siguieron a ese en el que te fuiste, aprendí el placer inverosimil de contemplarte en la distancia, en mi ciudad, en tu ciudad y si, yo sé que la gente siempre irá y vendrá como le parezca y yo por eso me quedo conmigo, en paz.
En cuanto a Arturo, él no me ayuda, hay días como hoy en la comida que me recuerda que te quiero, otros días me comparte fotos tuyas, hasta Rosy sabe que te quiero y tal vez ni ella lo entienda, te extraño cuando puedo y tú, tú no tienes vergüenza, en verdad te quiero tanto.
Desde que te fuiste, el cielo de los siguientes días no fue el mismo,le hizo falta la luz que se acomodaba en tus párpados.
Ahora sólo quiero resumirte lo que fue mirarte y eso, eso fue justo antes de la vida.
domingo, 3 de marzo de 2013
...
Sentí tu ausencia arriba de un árbol, con el cielo naranja; como de esas pocas veces que en un documental pasan el cielo del amazonas y va muriendo la tarde y los pájaros aventureros llevan un silencioso mensaje, como los tambores esperando a que el mundo haga su trabajo y suelte el golpe, como la selva crujiendo. Como deseo en estado puro sentí tu ausencia.
Volví a sentir tu ausencia cuando esperando me quedé sin contar las horas. No sabía si el cielo estaba lloviendo o si el mar estaba llorando conmigo tu falta. Entonces, mi cuerpo se hizo tu navío y tú te volviste mi náufrago.
Sentí tu falta cuando el día se quedó conmigo y quise hacerte mi universo, cuando te me salías del pecho y rondabas mi garganta, cuando gritaste que el amor no existe, sentí tu falta cuando dijiste: ¡Mentira, odio como amas!
Acaricié tu ausencia cuando no pude salvar mi equipaje de ser lanzado al vacío contigo dentro; cuando la música me pareció vacía y ausente, cuando mi pecho no sabía a hogar, y cuando era el lugar en el que más seguro habías estado.
Sentí tu ausencia porque mi amor por ti se niega a ser pasado, porque aunque te maldecía ya me tenías completa; siempre completa. Sentí tu ausencia cuando las mentiras por fin parecieron mentiras y no me dieron razón el desamparo ni la tristeza.
Sentí tu ausencia cuando el fin del mundo lo encontré en las plantas de tus pies al cruzar la puerta por donde entramos un día desgarrándonos la ropa para serte infiel contigo mismo. Porque sabes que siempre fuiste tú, con mi mortal costumbre de engañarte, pero siempre tú, pintando el amanecer a la hora que quisieras.
Entonces sentí tu ausencia cuando me preguntaron qué era el amor y recordé tu nombre y así preferí guardar silencio; fue ahí, y no antes, que yo imploré al cielo, que desgarré mi garganta para que supieras cuánto te añoraba, para que supieras que no quería que me dejaras sin ti.
Me percaté de tu ausencia cuando supe que el cielo estaba haciendo algo mal al yo extrañarte tanto. Por más que corrí mis persianas no pude hacer que la noche se volviera día y viceversa. Supe de ti cuando me miré al espejo y no te vi en mí.
Sentí tu ausencia cuando entré a nuestro cuarto con el pecho entero y salí con él vacío y austero. Ni ahí, ni ayer, ni mañana fueron otoños tan dejados de Dios. Ahí fue cuando lloré por tener el alma más grande que el Sol, y más pequeña que la Luna como para hacer que te quedaras.
sábado, 2 de marzo de 2013
Roma al revés
Nunca podré entender el cielo de Roma sin tus ojos puestos en el, sin el ir y venir de tus piernas, sin tus risas al alba, ¿Dónde existirá Roma si no estás tú? ¿De qué servirá la cúpula de Miguel Ángel? ¿Para ver qué? si la ciudad, la gente que pasa, los colores no son nada si no estás tú. Nunca podré entender la historia de Roma si no te la cuento a ti, pero que pena será quedarse con tanta información para sí. Nunca podré entender el milagro de verte dormir y si no es bajo este techo estrellado de los jardines Borghese ¿Qué sentido tiene?
Aquí en Roma te amo con ferocidad y sin miedo, el cielo se ve como sumergido en aguas verdes, y tú te lo estás perdiendo.
Quiero visitarte, llenarte la plaza de palomas mensajeras con nombres de distintas lejanías en las que te he pensado.
Quiero llenarte la cabeza con hojas de otoño de cada uno de los lugares que he visitado, te cuento que unas son verdes aunque ya cayeron hace años del árbol; otras son grises y acabo de recogerlas esta mañana. Así te pienso, en Roma nunca falta en qué pensar cuando de amor se trata, cuando los desvaríos de la mañana se meten sobre la tarde en un pequeño café de soledad. Si, es verdad, nada es igual si tú estás pisando otra ciudad que no es esta, otro país que no es este, otro cuerpo que no es el mío.
¿Cómo es el amor cuando se está lejos? Acaso cambia de forma, de tamaño, de olor, de resistencia, de tristeza, de alegría. ¿Cómo es el amor cuando tú no estás? No sabría contestar a qué hora sale el primer tren que no lleva rumbo, nunca sé contestar cuando me preguntan de ti, cuando me hablan de ceder, cuando me hablan de dolor, cuando me hablan de llenar las maletas de buenas intenciones. Hablo de ti como si fueras un rompecabezas lleno de piezas muertas y saladas, como si fueras un mar lleno de plantas y peces que correr para nadar en el desierto. Cuando no estás también falto yo.
A veces creo que el mundo conspira para que no olvide tu nombre, el mundo, sus canciones, las lenguas, la sal, el camino de aquí a mi casa, el metro, la lluvia, el café que ya no tomo por las mañanas, la casa que nos aguarda, aquí en Roma tu ausencia me sabe mejor y mi deseo por regalarte una canción en la que puedas pronunciar que te correspondí va creciendo. Todo lo que voy conociendo en la calle, en los libros, en las palabras abandonadas del parque, en esta lejanía, en estas madrugadas en donde quisiera raptarte y llevarte a cualquier bar, a cualquier cama, a cualquier destino.
Te debo aquí en Roma un cuarto sin ventanas para que el sonido de cada beso se quede y te retumbe, te debo un jardín, un noticiero que no pare de transmitir noticias de amor, te debo las melodías, los nombres para cada uno de nuestros hijos, los de aquí de Roma, los de México y los de París.
Hoy tengo ganas de hablarle a la gente de cómo le pediría una oportunidad al mundo para existir en tu cuerpo, De cómo ir guardando luto cuando nunca se ha tenido nada.
¿A qué hora se despiertan las estrellas cuando tú todavía duermes?
¿De qué podría enamorarme si tú le faltas al mundo? ¿De qué se trata la paz cuando no siento tu pecho? ¿De qué se trata Roma cuando no la practicamos al revés? ¿De qué se trata el mundo cuando gira sin tus pasos sobre su tierra?
Ven entonces, ven a darme un pedazo de tu carne, ven que quiero acariciarte las manos con todo el cuerpo.
Mira que las calles se sienten tan grandes sólo con mis pasos en ellas.
Ven porque siempre me urges, me urges los jueves cuando el metro va más lleno que los demás días. Me urges cuando el cielo se puebla de estrellas sin luna. Me urges en las libretas que guardo llenas de letras. Me urges en cada cuerda de mi guitarra vieja; la que te conoce. Ven, que te he hecho un altar con flores de gardenias y azares. Deberías saber que también le urges a la taza de las mañanas, a los libros que no has leído de mi casa, a las noches de guerra sobre cada lámpara de madrugada. ¿Qué acaso, no ves cada una de las luciérnagas que puse sobre tu techo? Acá en Roma le dicen estrellas, allá en tu ciudad le dicen tus ojos.
Aquí en Roma te amo con ferocidad y sin miedo, el cielo se ve como sumergido en aguas verdes, y tú te lo estás perdiendo.
Quiero visitarte, llenarte la plaza de palomas mensajeras con nombres de distintas lejanías en las que te he pensado.
Quiero llenarte la cabeza con hojas de otoño de cada uno de los lugares que he visitado, te cuento que unas son verdes aunque ya cayeron hace años del árbol; otras son grises y acabo de recogerlas esta mañana. Así te pienso, en Roma nunca falta en qué pensar cuando de amor se trata, cuando los desvaríos de la mañana se meten sobre la tarde en un pequeño café de soledad. Si, es verdad, nada es igual si tú estás pisando otra ciudad que no es esta, otro país que no es este, otro cuerpo que no es el mío.
¿Cómo es el amor cuando se está lejos? Acaso cambia de forma, de tamaño, de olor, de resistencia, de tristeza, de alegría. ¿Cómo es el amor cuando tú no estás? No sabría contestar a qué hora sale el primer tren que no lleva rumbo, nunca sé contestar cuando me preguntan de ti, cuando me hablan de ceder, cuando me hablan de dolor, cuando me hablan de llenar las maletas de buenas intenciones. Hablo de ti como si fueras un rompecabezas lleno de piezas muertas y saladas, como si fueras un mar lleno de plantas y peces que correr para nadar en el desierto. Cuando no estás también falto yo.
A veces creo que el mundo conspira para que no olvide tu nombre, el mundo, sus canciones, las lenguas, la sal, el camino de aquí a mi casa, el metro, la lluvia, el café que ya no tomo por las mañanas, la casa que nos aguarda, aquí en Roma tu ausencia me sabe mejor y mi deseo por regalarte una canción en la que puedas pronunciar que te correspondí va creciendo. Todo lo que voy conociendo en la calle, en los libros, en las palabras abandonadas del parque, en esta lejanía, en estas madrugadas en donde quisiera raptarte y llevarte a cualquier bar, a cualquier cama, a cualquier destino.
Te debo aquí en Roma un cuarto sin ventanas para que el sonido de cada beso se quede y te retumbe, te debo un jardín, un noticiero que no pare de transmitir noticias de amor, te debo las melodías, los nombres para cada uno de nuestros hijos, los de aquí de Roma, los de México y los de París.
Hoy tengo ganas de hablarle a la gente de cómo le pediría una oportunidad al mundo para existir en tu cuerpo, De cómo ir guardando luto cuando nunca se ha tenido nada.
¿A qué hora se despiertan las estrellas cuando tú todavía duermes?
¿De qué podría enamorarme si tú le faltas al mundo? ¿De qué se trata la paz cuando no siento tu pecho? ¿De qué se trata Roma cuando no la practicamos al revés? ¿De qué se trata el mundo cuando gira sin tus pasos sobre su tierra?
Ven entonces, ven a darme un pedazo de tu carne, ven que quiero acariciarte las manos con todo el cuerpo.
Mira que las calles se sienten tan grandes sólo con mis pasos en ellas.
Ven porque siempre me urges, me urges los jueves cuando el metro va más lleno que los demás días. Me urges cuando el cielo se puebla de estrellas sin luna. Me urges en las libretas que guardo llenas de letras. Me urges en cada cuerda de mi guitarra vieja; la que te conoce. Ven, que te he hecho un altar con flores de gardenias y azares. Deberías saber que también le urges a la taza de las mañanas, a los libros que no has leído de mi casa, a las noches de guerra sobre cada lámpara de madrugada. ¿Qué acaso, no ves cada una de las luciérnagas que puse sobre tu techo? Acá en Roma le dicen estrellas, allá en tu ciudad le dicen tus ojos.
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