Por las mañanas llevo un inventario mental de lo que no te digo y debería decirte, entonces cuando llego a casa mi mente ya es una bodega inmensa, hasta el tope de ti, de mi, del exceso de silencio, de las dos o tres preguntas que haces como escarbando el patio y mira, después me duermo y ya no queda nada.
¿Te atrae más lo microscópico o lo macroscópico?
¿Los viernes no amaneces con resaca?
¿Qué es el amor a tu edad?
Los trece de Septiembre acumulo años que al paso del tiempo no sé dónde poner
¿Dónde los pones tú?
Hoy a las seis te quería contar que una vez en un mapa vi una isla muy grande por Madagascar, parecía arrancada de otros mundos, otras lunas, para ti yo podría ser la chica más seria de la ciudad, no es que no tenga nada que decirte, es que cuando te veo, veo esas lunas y me llega un pequeño destello de sensatez y ¿sabes? me gusta la ventaja de jugar en ese silencio.
¿Sabes la diferencia entre un globo terráqueo, un planisferio y un mapa mundi?
Ahora me pregunto ¿Por qué te regalo mis globos de cantoya y no mi globo terráqueo?
Pensarte me gusta más que oler el ozono después de una mañana con lluvia, que el asfalto, el café, la parvada de golondrinas, qué más da.
Por las mañanas llevo un inventario mental y con él voy bordando tu alma con hilos de agua.
Para ti yo podría ser la chica más seria de la ciudad, pero recibirás mis besos en forma de postales, de ventana abierta y así toda la noche hubiese estado en ti: tú, yo, yo en tu cara, en tus manos, en tu espalda, en tus ojos, en tus pies, en el aire, en ti, en ti, en ti, en ti, en ti.
Maravilloso, hay inventarios que se vuelven no sólo perpetuos, si no incuantificables.
ResponderEliminarla besé por todo el cuerpo hasta quedarme sin aliento: la espina dorsal, vértebra por vértebra, hasta las nalgas lánguidas, el costado del lunar, el de su corazón inagotable. A medida que la besaba, aumentaba el calor de su cuerpo y exhalaba una fragancia montuna (femenina).
ResponderEliminarElla me respondió con vibraciones nuevas en cada pulgada de su piel, y en cada una encontré un calor distinto, un sabor propio, un gemido nuevo, y toda ella resonó por dentro con un arpegio...