Aveces te imagino con un saxo en la rue Rivoli en plena tarde con pie sobre pared, boina y todo.
y entonces me van dando ganas a mi también de incluirme en la historia y mira que es como la sensación de escuchar música por primera vez, como levantar la vista y estar a un click del cielo, algo parecido a un Harlem Nocturne Alto, sólo que mejor.
Y estamos en el barrio de La Gloria, a la derecha del Jardín de las Tullerías, en el cuarto distrito de París, te he seguido la silueta a través de los ojos de los niños, ancianos y palomas porque los propios no me bastaban.
A veces imagino como si tu boca se entreabriera para decir mi nombre pero no es mas que para llegar a la embocadura de tu saxo y en breve siento el olor de fruta madura que nace de la combinación de tus labios y el latón.
Lo tengo claro, muy pronto necesitaré de nuevos pulmones con los que empujar suspiros cual si fueran niños divirtiéndose en columpios.
Y mira que a veces te imagino como prolongación de esta calle, como el manubrio de la bici vieja en la que se pedalean las cartas de amor, incluso a veces te imagino como la sensación placentera de beber agua a media noche.
Y estamos aquí, en la rue Rivoli, tú con tu saxo y yo en cada mano de la gente que pasea con un café.
Y etcétera, etcétera, etcétera.
Toco tu boca, con un dedo todo el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
ResponderEliminarMe miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos, donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.