Artículo Mortis: Esperando.
No se separaron ni un segundo durante tres años, ni cuando la guerra Franquista rociaba con petróleo toda muestra de amor y valentía, así Victoria y Máximo Gorki empezaron a amarse en las calles empedradas de República Dominicana.
¿Cómo entender que tras un fusil y la idea permanente de huir a cualquier rincón, a cualquier ciudad, con el hambre acumulada de días, con la garganta cargada de historias, pero también de silencios, cómo entender que cuando el lecho de muerte es tu propia casa, el amor se vuelve más fuerte, el amor descubre la capacidad inherente de sobrevivir y de mutar para salvarnos la vida?
Amor de los años cuarenta, amor fuera de España en una noche en que a voluntad del estruendo Máximo Gorki llegó al baile de máscaras para probar fortuna con el rostro oculto, sin sospecha del encuentro entre una historia de amor y nostalgia, de amor de domingo, amor de Victoria.
Siendo la primer capital española en el nuevo mundo, tiene como derecho, cuerpo y amuleto la primer catedral de América.
Quizás Victoria se pasaba toda la tarde ahí, rezándole a todo figura divina y alguna que otra noche de unión marital ¿Qué otra cosa se podía hacer en los cuarenta aparte del té y esperar la gracia de tener un buen marido? Aunque gracia en ese tiempo la mujer tenía que tener para todo, gracia para llorar y el mejor aroma en el cabello.
Aquella catedral le trajo a Victoria las pupilas verdes de Máximo,el anillo en el dedo anular, los mareos de un embarazo imaginario y todas las ganas del mundo por amar, mismas que se llevó tres años después, ¿La vida? ¿la guerra? ¿La muerte? a este punto no lo sé.
Que miserable es la guerra, que un domingo por la tarde te trae al amor de tu vida y un jueves por la noche envía treinta y cuatro gramos de plata a quitártelo.
Que silencio tan agonizante esa noche en República Dominicana, Máximo tan dispuesto a darle un beso y ¡pum! al suelo.
Pobre Victoria,te dije cuando terminé de leerte la historia y yo me quejo...
sos el genio mas genio de todas las bestias para escribir pàrrafos que nos llevan hasta la nueva españa a los siglos lejanos que vienen persiguiendo nuestros sueños no dejes jamas de hacerlo te admiro fielmente
ResponderEliminarla besé por todo el cuerpo hasta quedarme sin aliento: la espina dorsal, vértebra por vértebra, hasta las nalgas lánguidas, el costado del lunar, el de su corazón inagotable. A medida que la besaba, aumentaba el calor de su cuerpo y exhalaba una fragancia montuna (femenina).
ResponderEliminarElla me respondió con vibraciones nuevas en cada pulgada de su piel, y en cada una encontré un calor distinto, un sabor propio, un gemido nuevo, y toda ella resonó por dentro con un arpegio
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