Ayer mandaste una postal y una nota de voz diciendo:
Te quiero de aquí a Tepoztlán y de regreso.
Y mira, yo tengo así la sensación de quererte de regreso.
No sé, tal vez fue ayer a las siete con cuarenta y tres minutos que pensaba en lo que significa ser otoño en un planeta donde ya no se pintan las ojas de los árboles con colores, en fin, con un suspiro no se puede acomodar al mundo ¿Pero te puedo acomodar a ti?
Y mira que también pensé en la casualidad, en las llamadas equivocadas y en hacer una guía práctica para escribir contestaciones a una carta de amor que venga del otro lado del mundo, no me quejo, cuando tu te vas durmiendo y yo tengo a bien abrir los ojos, en el mundo ya pasaron muchas cosas para que podamos distraernos y así entren y salgan ladrones que se lleven todas las promesas que nos hicimos.
Ayer me mandaste una postal y una nota de voz diciendo:
Te quiero de aquí a Tepoztlán y de regreso.
Y mira, hoy te mando una desde Venecia, por si piensas volver.

Qué maravillosa eres, Daniela.
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