¿Qué decirte? ¿Cómo atarle a la punta del
lápiz este sentimiento que muta noche a noche?
Delirante
¿Cómo actuar? ¿Cómo hacer que viva este
amor y se multiplique con la sola
manifestación de mis actos?
Dime cómo y mis oídos se volverán
fieles sirvientes de su majestad.
Ahora que he renacido no quiero volver a
morir de este lado del mar, tan lejos de tu casa.
Duele. El afecto no pronunciado duele y el
eco que se va creando en este molde
receptor lleno de huesos, de amaneceres que
quiero compartir junto a ti para poder bajar
las persianas, ese eco de lo que no
pronuncio quema. Quema como antorcha
las cuerdas anudadas que me visten.
¿Y qué hago con tus ojos que son un
dulce? ¿Cómo soñar? si acepto, le temo a
la derrota, a la música que no viene
acompañada de ti. A los párpados que
apenas rozar la piel ya están haciendo un
reflejo de ti.
Cómo atarle a la punta del lápiz la
velocidad de cada paisaje, de una pareja,
la fila de carros, mi llanto. ¿Cuál es la
velocidad necesaria para salir de este
naufragio, de la cólera que da esta
desnudez que sin ti, para qué?
Delirante
Mi amor se sentiría delirante, orgulloso de
ser elegido, transformado de salvaje al
más fiel domesticado.
¿Qué hacer? ¿Qué decir? Cómo tocarte?
Aprenderte de golpe para sentirme
heridamente viva.
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martes, 29 de diciembre de 2015
sábado, 15 de noviembre de 2014
...
En este mi rincón, aquí donde pasa todo eso que a la saliva se le atora, te escribo.
Verás, las manchas de café en mi camisa solo reflejan que no me gustan las cosquillas, no voy a dejar de morderme las uñas. Vamos, ni aunque me lo pidas.
Mira, tengo mañanas con sabor a nada. Hoy sonaron canciones al azar, me desperté cantando y no había audiencia. Los vecinos no hacen caso. Las paredes son delgadas y se me va el sueño a mitad de su pasión. Otra vez en medio de algo, como un puzzle que me quema por armar.
Me gusta memorizar abrazos y ese es mi problema. A veces me quedo mirando la estación del metro y sigo algunos pies, unas manos, unos ojos que miren hacia lo extraordinario.
Nunca he sabido que hacer cuando el pecho me late de prisa, siempre termino por perder la orientación.
Hasta hace dos meses creía que ya no le tenía miedo a los monstruos del armario o al azar del siguiente minuto pero este cambio de cuidad vino a recordarme que nunca quise ser grande.
Nunca estaré bailando bajo la lluvia, solo me gustan los pies mojados de mar.
Tampoco soy de promesas, confesiones ni mucho menos deportista. Pero a pesar de todos mis nuncas, de mi izquierda, de mis golpes de mal humor estoy aquí, porque supongo que juntos somos una ciudad pequeña.
Y tú estás aquí, bostezando. Te digo que no es sencillo quererte. Hablo con la lengua que conoces de punta a punta.
Entonces te escribo para decirte cuánto he de quererte como ahora te quiero.
Verás, las manchas de café en mi camisa solo reflejan que no me gustan las cosquillas, no voy a dejar de morderme las uñas. Vamos, ni aunque me lo pidas.
Mira, tengo mañanas con sabor a nada. Hoy sonaron canciones al azar, me desperté cantando y no había audiencia. Los vecinos no hacen caso. Las paredes son delgadas y se me va el sueño a mitad de su pasión. Otra vez en medio de algo, como un puzzle que me quema por armar.
Me gusta memorizar abrazos y ese es mi problema. A veces me quedo mirando la estación del metro y sigo algunos pies, unas manos, unos ojos que miren hacia lo extraordinario.
Nunca he sabido que hacer cuando el pecho me late de prisa, siempre termino por perder la orientación.
Nunca estaré bailando bajo la lluvia, solo me gustan los pies mojados de mar.
Tampoco soy de promesas, confesiones ni mucho menos deportista. Pero a pesar de todos mis nuncas, de mi izquierda, de mis golpes de mal humor estoy aquí, porque supongo que juntos somos una ciudad pequeña.
Y tú estás aquí, bostezando. Te digo que no es sencillo quererte. Hablo con la lengua que conoces de punta a punta.
Entonces te escribo para decirte cuánto he de quererte como ahora te quiero.
sábado, 19 de abril de 2014
...
Siente estos pies desnudos que pueden confundirse con el terciopelo, con la piel de las cerezas a punto de explotar en la lengua. Siéntelos.
Ven ya. Es más, mañana, pero ven. Que aquí late un sentimiento pendiente y te lo quiero regalar.
Ven, el aire huele a nueve meses de vida que sostengo entre las palmas de mi manos.
Ven, siente estos pies que no han pisado nada aún, que no conocen obstáculos ni torceduras. Ven.
Escucha esta pequeña melodía que se desprende de su boca mientras duerme. En este crujir de árboles tropicales de los que me diste a comer algunas frutas.
Ven, que aquí le palpitas en la sangre. Como galgos que compiten en una carrera a muerte.
Mira estos ojos cuando conocen la mañana. Como cuando se miran los amantes antes del fin del mundo, cuando las palomas vuelan por la esquina. Cuando se le cruza un nuevo color. Mira.
Ven, siente nuestro sueño hirviente materializado.
Guarda en tu memoria este hilo sonoro de pies sumergidos y risas ante el baile de todos los peces del Atlántico, siente el chocar de cada ola contra las piedras, toda la fuerza del mundo se aferra a mi vientre cuando sonríe.
Ven, que esto es vivir.
Ven ya. Es más, mañana, cuando el cabello te cambie de color, pero ven.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Equivalencia entre masa y energía
Creo que eran las seis y diez cuando el taxista dio un leve apretón al claxon, no me pareció normal que lo hiciera, la reservación del mismo se hizo para las seis y treinta, no pasa nada, la noche anterior no pude dormir, tenía ya varios minutos que perdía el tiempo haciendo un repaso de la última vez que pasé tantas horas en un avión y de los posibles aperitivos que podría incluir en el bolso para tan afable espera. De pronto, mientras decidía si los Skittles eran la mejor opción o tal vez unos Nerds para que algún turista me viera hacer caras de idiota a consecuencia del ácido, me vi interrumpida por mi hermano que ya bajaba las maletas para ponerlas en el recibidor.
Por un momento dudé en compartir el silencioso trayecto hacia el aeropuerto internacional con él, es verdad que días antes, cuando lo sugirió pensé en decir que ya me había hecho la reservación pero ¿todo se puede cancelar no? -Me habría dicho él.
No sentía alguna necesidad de compartir algo con él, era muy temprano para los dos, quizá su interés sería solo el de observar los objetos del interior o medir el espacio que hay entre cada coche, no sé. Aunque tenemos la misma edad, para mí sigue siendo aquel niño de baja estatura que se pasa la tarde colgado del pasamanos para crecer, o aquel que no distingue entre la d y la b (creo que le sigue pasando) incluso creo que murmuró algo pero lo que yo quería era que cargara la maldita bandeja de correo electrónico, siempre dejo para última hora la tarea de registro de vuelo, ojalá lo hubiera hecho ayer, me marea el contraste que mis ojos perciben ante los múltiples intentos y la combinación del playlist del taxista.
No soy capaz de reconocer la segunda canción, me he perdido en el "tra, tra , metiéndole al tra". Me parece ridículo que el taxista deje seguir la canción, no es que por la edad se deban escuchar ciertas canciones o no (al menos no lo había pensado hasta ahora) pero seguro que se acerca ya a la tercera edad y este ritmo modus perreo no me sienta bien a tan temprana hora de la mañana.
He pensado incluso (por disculparlo un poco) que al vernos a mi hermano y a mí, ha hecho una estimación de nuestra edad y nos considere "normales"y lo que en realidad ha querido es que tengamos un viaje más ameno.
Esa mañana en que dejamos la casa sentí un gran alivio, no sé cuánto tiempo me duró pero sentí el alivio. No más llamadas que atender para tonterías, no más ladridos de un Max hambriento a las cinco de la mañana, (me pregunto si alguien le dará de comer) ni tampoco el inoportuno camión de basura atorándose en las ramas del árbol del vecino.
Durante el trayecto, el cielo comienza a aclararse, me he tronado cada uno de los dedos de las manos, (me siento más cómoda que hace cinco minutos) incluso he decidido que al llegar al aeropuerto me compraré un café del que no es del Starbucks por que en el otro tienen unos sillones más cómodos.
Tengo una buena revista que leer de la cual no he pasado de la portada, ante el silencio y el cambio de ritmo de la música (ahora son rancheras) creo que es mi mejor opción, la verdad no me interesa asegurarme de que los edificios, hoteles e industrias que siempre veo por este camino sigan estando allí.
Miento un poco, a veces (en realidad muy pocas veces) me pregunto qué estaría haciendo si trabajara en una de estas empresas de importación-exportación para lo cual estudié, seguro tendría que salir de mi casa a las tres de la mañana para llegar a cubrir un turno vampiresco y así tratar de sobrevivir la jornada de ocho o más horas (las que fueran necesarias por contar con el privilegio de ser empleada de confianza) con un grupo de compañeros de los cuales no sabría ni quisiera saber nada.
Revista en mano, tamaño grande que sobrepasa mis palmas, portada en blanco con varios lápices, puntas muy afiladas que inspecciono. Entre ese breve pestañeo y la carga de información que viaja tan rápido a, ante , bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, sobre y tras mi cerebro, mi hermano decide abrir la boca: ¿Y tú para que vas a España?
Fin. Es el fin de lo que pude haber leído camino al aeropuerto, sé que con esta pregunta recién formulada, los minutos correrán tan rápido como la velocidad a la que iré cuando me monte en el avión, rápido, muy rápido, imperceptible al ojo humano pienso en lo que debería de contestar, recuerdo uno de esos exámenes de opción múltiple en la que los incisos se han diseñado para confundir aún más (caso contrario de lo que a simple vista pensábamos era más sencillo los primeros semestres de la carrera) y entonces elijo de estos incisos lo que debo contestar:
a) ¿Qué te importa?
b) Necesito vacaciones y es un buen lugar para desaparecer.
c) Siempre he querido ir.
d) Ninguna de las anteriores.
e) Todas las anteriores son correctas.
Siempre he querido ir, también es que necesito vacaciones y es un buen lugar para desaparecer, aunque ¿sabes? te estoy ocultando ciertas razones que no te pienso compartir, mejor dime, ¿qué te importa? Esta sería mi respuesta más sincera pero a veces, (lamentablemente) no se puede ser tan sincera en la vida.
Desearía no solo ir de vacaciones- le digo, pero creo que unos días me sentarían bien para conocer y validar lo que a veces ando tarareando en el coche cuando escucho a Serrat.
¿Y a poco no te dan flojera todas esas horas en el avión?-Me preguntó. Si bien mi hermano nunca parece estar interesado por nada, ahora lo estaba por mis vacaciones, hace años que dejamos de viajar juntos (supongo que tras los veintitantos es más motivante plantearse la idea de trabajar un año entero para ir a vacacionar siete días con la novia, me parece normal) y me da pereza (a la ene potencia) seguir a modo pregunta y respuesta.
Sepan ustedes que no soy una persona desagradable, (al menos no hasta ahora) una vez estuve cerca de serlo, justo la noche previa a mi primera comunión pero esa es otra historia, hasta ahora los ostiones parecen más desagradables. El punto es que ignoré tres minutos a mi hermano mientras repasaba una lista mental de malas palabras de las que podía hacer uso en la madre patria.
Incluso me imaginé diciéndole gilipollas al primero que estuviera a dos centímetros a mi derecha, sí, al menos un: "Tío, si serás gilipollas". Entonces bueno, gilipollas ocupaba el primer lugar en mi lista mental, le seguían: joder, coño, me cago en la leche,(en realidad te puedes cagar donde quieras) me cago en dios y bueno, prefiero terminar con un me cago en todo lo cagable.
Le diría gilipollas a este hombre (taxista) que acaba de preguntar si mi hermano y yo venimos "ambos juntos" a esta terminal aeropoertuaria (que es la uno) pero le digo que no, que mi hermano va a la dos y al terminar esta frase nos hacemos los felices acreedores a pagar doscientos pesos más por "desvío" del destino. Me pregunto si el litro de gasolina que utilizará para este "desvío" lo ha cargado en alguna estación de servicio de primer mundo. Mi hermano me mueve la pierna, me pregunta otra vez lo de la flojera en el avión, le digo que sí, que me da flojera pasar todo ese tiempo en el avión, que eso y el tener un cadillo entre las nalgas es lo mismo, pero -no te preocupes por mí-le digo en un tono burlón, la masa conlleva una cierta cantidad de energía aunque la primera se encuentre en reposo (ósea yo).
Por un momento dudé en compartir el silencioso trayecto hacia el aeropuerto internacional con él, es verdad que días antes, cuando lo sugirió pensé en decir que ya me había hecho la reservación pero ¿todo se puede cancelar no? -Me habría dicho él.
No sentía alguna necesidad de compartir algo con él, era muy temprano para los dos, quizá su interés sería solo el de observar los objetos del interior o medir el espacio que hay entre cada coche, no sé. Aunque tenemos la misma edad, para mí sigue siendo aquel niño de baja estatura que se pasa la tarde colgado del pasamanos para crecer, o aquel que no distingue entre la d y la b (creo que le sigue pasando) incluso creo que murmuró algo pero lo que yo quería era que cargara la maldita bandeja de correo electrónico, siempre dejo para última hora la tarea de registro de vuelo, ojalá lo hubiera hecho ayer, me marea el contraste que mis ojos perciben ante los múltiples intentos y la combinación del playlist del taxista.
No soy capaz de reconocer la segunda canción, me he perdido en el "tra, tra , metiéndole al tra". Me parece ridículo que el taxista deje seguir la canción, no es que por la edad se deban escuchar ciertas canciones o no (al menos no lo había pensado hasta ahora) pero seguro que se acerca ya a la tercera edad y este ritmo modus perreo no me sienta bien a tan temprana hora de la mañana.
He pensado incluso (por disculparlo un poco) que al vernos a mi hermano y a mí, ha hecho una estimación de nuestra edad y nos considere "normales"y lo que en realidad ha querido es que tengamos un viaje más ameno.
Esa mañana en que dejamos la casa sentí un gran alivio, no sé cuánto tiempo me duró pero sentí el alivio. No más llamadas que atender para tonterías, no más ladridos de un Max hambriento a las cinco de la mañana, (me pregunto si alguien le dará de comer) ni tampoco el inoportuno camión de basura atorándose en las ramas del árbol del vecino.
Durante el trayecto, el cielo comienza a aclararse, me he tronado cada uno de los dedos de las manos, (me siento más cómoda que hace cinco minutos) incluso he decidido que al llegar al aeropuerto me compraré un café del que no es del Starbucks por que en el otro tienen unos sillones más cómodos.
Tengo una buena revista que leer de la cual no he pasado de la portada, ante el silencio y el cambio de ritmo de la música (ahora son rancheras) creo que es mi mejor opción, la verdad no me interesa asegurarme de que los edificios, hoteles e industrias que siempre veo por este camino sigan estando allí.
Miento un poco, a veces (en realidad muy pocas veces) me pregunto qué estaría haciendo si trabajara en una de estas empresas de importación-exportación para lo cual estudié, seguro tendría que salir de mi casa a las tres de la mañana para llegar a cubrir un turno vampiresco y así tratar de sobrevivir la jornada de ocho o más horas (las que fueran necesarias por contar con el privilegio de ser empleada de confianza) con un grupo de compañeros de los cuales no sabría ni quisiera saber nada.
Revista en mano, tamaño grande que sobrepasa mis palmas, portada en blanco con varios lápices, puntas muy afiladas que inspecciono. Entre ese breve pestañeo y la carga de información que viaja tan rápido a, ante , bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, sobre y tras mi cerebro, mi hermano decide abrir la boca: ¿Y tú para que vas a España?
Fin. Es el fin de lo que pude haber leído camino al aeropuerto, sé que con esta pregunta recién formulada, los minutos correrán tan rápido como la velocidad a la que iré cuando me monte en el avión, rápido, muy rápido, imperceptible al ojo humano pienso en lo que debería de contestar, recuerdo uno de esos exámenes de opción múltiple en la que los incisos se han diseñado para confundir aún más (caso contrario de lo que a simple vista pensábamos era más sencillo los primeros semestres de la carrera) y entonces elijo de estos incisos lo que debo contestar:
a) ¿Qué te importa?
b) Necesito vacaciones y es un buen lugar para desaparecer.
c) Siempre he querido ir.
d) Ninguna de las anteriores.
e) Todas las anteriores son correctas.
Siempre he querido ir, también es que necesito vacaciones y es un buen lugar para desaparecer, aunque ¿sabes? te estoy ocultando ciertas razones que no te pienso compartir, mejor dime, ¿qué te importa? Esta sería mi respuesta más sincera pero a veces, (lamentablemente) no se puede ser tan sincera en la vida.
Desearía no solo ir de vacaciones- le digo, pero creo que unos días me sentarían bien para conocer y validar lo que a veces ando tarareando en el coche cuando escucho a Serrat.
¿Y a poco no te dan flojera todas esas horas en el avión?-Me preguntó. Si bien mi hermano nunca parece estar interesado por nada, ahora lo estaba por mis vacaciones, hace años que dejamos de viajar juntos (supongo que tras los veintitantos es más motivante plantearse la idea de trabajar un año entero para ir a vacacionar siete días con la novia, me parece normal) y me da pereza (a la ene potencia) seguir a modo pregunta y respuesta.
Sepan ustedes que no soy una persona desagradable, (al menos no hasta ahora) una vez estuve cerca de serlo, justo la noche previa a mi primera comunión pero esa es otra historia, hasta ahora los ostiones parecen más desagradables. El punto es que ignoré tres minutos a mi hermano mientras repasaba una lista mental de malas palabras de las que podía hacer uso en la madre patria.
Incluso me imaginé diciéndole gilipollas al primero que estuviera a dos centímetros a mi derecha, sí, al menos un: "Tío, si serás gilipollas". Entonces bueno, gilipollas ocupaba el primer lugar en mi lista mental, le seguían: joder, coño, me cago en la leche,(en realidad te puedes cagar donde quieras) me cago en dios y bueno, prefiero terminar con un me cago en todo lo cagable.
Le diría gilipollas a este hombre (taxista) que acaba de preguntar si mi hermano y yo venimos "ambos juntos" a esta terminal aeropoertuaria (que es la uno) pero le digo que no, que mi hermano va a la dos y al terminar esta frase nos hacemos los felices acreedores a pagar doscientos pesos más por "desvío" del destino. Me pregunto si el litro de gasolina que utilizará para este "desvío" lo ha cargado en alguna estación de servicio de primer mundo. Mi hermano me mueve la pierna, me pregunta otra vez lo de la flojera en el avión, le digo que sí, que me da flojera pasar todo ese tiempo en el avión, que eso y el tener un cadillo entre las nalgas es lo mismo, pero -no te preocupes por mí-le digo en un tono burlón, la masa conlleva una cierta cantidad de energía aunque la primera se encuentre en reposo (ósea yo).
viernes, 31 de enero de 2014
...
Viernes por la noche, salgo tarde del trabajo, doy algunos pasos por donde se acostumbra detenerse un momento para fumar, no hay nadie.
Me da un susto, no veo el coche, he olvidado que no encontré lugar al regresar de comer y me estacioné cuadras atrás, hago una recapitulación mental que dura si acaso un minuto y camino en dirección a encontrarlo. El teatro está lleno, la obra que se presenta es mala, sin embargo escucho a dos mujeres alegando en la taquilla porque ya no encontraron asientos disponibles, el vigilante ha puesto dos conos en el lugar en que me estacioné, está esperando a que me vaya para que pueda asignar mi lugar, hace siete horas que comí y lo único que siento en el estómago es la cerveza y el tequila que tomé, dentro del coche he encendido por error las luces altas y no recordaba como apagarlas, pensé que manejar así sería un insulto (pero pequeño e indefenso) para los demás y me apeteció.
Nadie va de copiloto, del disco que he puesto me gustan todas las canciones pero aunque es quincena no hay tanto tránsito para poder alcanzar a escucharlas todas, cedo el paso y así me gano un poco más de tiempo, incluso dejo pasar a un camión.
Me da un susto, no veo el coche, he olvidado que no encontré lugar al regresar de comer y me estacioné cuadras atrás, hago una recapitulación mental que dura si acaso un minuto y camino en dirección a encontrarlo. El teatro está lleno, la obra que se presenta es mala, sin embargo escucho a dos mujeres alegando en la taquilla porque ya no encontraron asientos disponibles, el vigilante ha puesto dos conos en el lugar en que me estacioné, está esperando a que me vaya para que pueda asignar mi lugar, hace siete horas que comí y lo único que siento en el estómago es la cerveza y el tequila que tomé, dentro del coche he encendido por error las luces altas y no recordaba como apagarlas, pensé que manejar así sería un insulto (pero pequeño e indefenso) para los demás y me apeteció.
Nadie va de copiloto, del disco que he puesto me gustan todas las canciones pero aunque es quincena no hay tanto tránsito para poder alcanzar a escucharlas todas, cedo el paso y así me gano un poco más de tiempo, incluso dejo pasar a un camión.
Viernes por la noche, a veces no se está tan lejos de esta hora que es presente ya. Leyendo un libro, conduciendo, haciendo una entrevista, pensando en ti justo ahora que tengo un cansancio de pesadas noches, justo ahora que duermes y se amontonan todas las flores del mundo.
Hay no tan lejos de esta hora que es presente ya, entre los troncos una sutil, diminuta hierba, más allá hay prados de narcisos, vapores y bruma, el viento exhala olivo.
jueves, 2 de enero de 2014
No es que me gustara comer lentejas, mucho menos con verduras. Tal vez lo que me gustaba es que fueran las dos de la tarde, las dos y cinco minutos, las dos y diez, no sé. Tal vez la felicidad de las dos de la tarde se resume en esa extraña sensación de algunas punzadas en la panza y no sabes si es hambre, si se trata de un dolor referido, de ansias o de qué, pero definitivamente se trata de algo.
Tampoco es que se pudiera hacer algo más interesante a las dos de la tarde que el paseo por el pasillo cargando el tupper de lentejas con verduras, ni la espera de un minuto cuarenta y cinco segundos viendo girar el platillo del microondas.
No, no es eso.
Creo que se trata de algo más profundo, como si a eso de las dos de la tarde fuera a dejar de ser miope y a las siete de la mañana no tuviera que suplicarle a mis pupilas que acepten ese cuerpo extraño, plastificado, que a veces arde y de igual manera me deja viendo borroso, pero no sé.
Tampoco es que la gasolina ya no cueste trece y centavos el litro a las dos de la tarde, esta felicidad vespertina tampoco nace porque a las dos de la tarde no se escuche el "tap" "tap"de los teclados porque no hay nadie, así como no hay tránsitos multando por la velocidad en zona escolar.
No, no es eso.
No es que esté empezando a leer un libro o terminándolo, bueno tal vez, pero eso no es siempre, las cosas no se han dado así.
Tampoco es que a las dos cumpla años y no es que me haga la más feliz cumplir años.
No me gané la lotería y tampoco me estoy comiendo una tapioca.
Quizás es que a las dos de la tarde sea el preludio al silencio de una tarde en la que un hombre ha decidido dejar de fumar, o en la que alguien usa una bolsa de café como impermeable.
No sé. Tal vez es solo que no me molesta como están las cosas.
Tampoco es que se pudiera hacer algo más interesante a las dos de la tarde que el paseo por el pasillo cargando el tupper de lentejas con verduras, ni la espera de un minuto cuarenta y cinco segundos viendo girar el platillo del microondas.
No, no es eso.
Creo que se trata de algo más profundo, como si a eso de las dos de la tarde fuera a dejar de ser miope y a las siete de la mañana no tuviera que suplicarle a mis pupilas que acepten ese cuerpo extraño, plastificado, que a veces arde y de igual manera me deja viendo borroso, pero no sé.
Tampoco es que la gasolina ya no cueste trece y centavos el litro a las dos de la tarde, esta felicidad vespertina tampoco nace porque a las dos de la tarde no se escuche el "tap" "tap"de los teclados porque no hay nadie, así como no hay tránsitos multando por la velocidad en zona escolar.
No, no es eso.
No es que esté empezando a leer un libro o terminándolo, bueno tal vez, pero eso no es siempre, las cosas no se han dado así.
Tampoco es que a las dos cumpla años y no es que me haga la más feliz cumplir años.
No me gané la lotería y tampoco me estoy comiendo una tapioca.
Quizás es que a las dos de la tarde sea el preludio al silencio de una tarde en la que un hombre ha decidido dejar de fumar, o en la que alguien usa una bolsa de café como impermeable.
No sé. Tal vez es solo que no me molesta como están las cosas.
sábado, 21 de diciembre de 2013
...
La tarde se va en un devenir constante de ideas, en los hubiera que hay en tus ojos, en los ojalá de mi boca. Aquí solo reside el deseo mal formado de vivirnos en el mismo techo, de sentir tu voz metálica, de sentarme algunos minutos en el regazo de tu fe ciega y mecerme, incluso que esa misma fe me agarre el cabello.
Siento que ya no escucho cuando el agua avisa que hierve, ni arañar la pared puedo ya, las uñas me las muerdo desde los seis, tampoco tengo lunas.
Te cuento que ayer leí acerca de la diabetes, estadísticas de enfermedades comunes dentro de un hospital para prostitutas, también leí acerca de los bosques de anémonas, de psiquiátricos en donde internan a alcohólicos y adictos que no paran de hablar de lo pendejo que es para ellos el término penisneid de Freud.
Aunque es tonto, (más aún que aquellos que hablan del penisneid) siento que un día me voy a morir por ti, que al corazón le va a pegar un brinco al verte y será como los últimos segundos de vida de una animal al que le cortan la cabeza y que corre tontamente en sentido contrario.
Todo aquello viene a mi mente en fragmentos bicolores, también me imagino la cara de idiotas que tienen mis vecinos mientras me ducho y me quedo inmóvil bajo el chorro de agua caliente, parpadeo unos segundos, me atacan por momentos fulgores húmedos, juego con mis palmas a esparcir el shampoo que promete brillo y controlar su caída. Inventos para que nosotros los tontos compremos más y bueno, lo seguiremos haciendo.
Me golpea la idea de empezar a comer frutas si es que vienen de tu boca, fomentar una lluvia de flores en donde caigan muchas magnolias pero todos estos placeres pequeñitos que me voy inventando se esfuman. Por qué me tienen que distraer con google y con una pinche nota de #posmesalto? En fin, la noche es buena para partir en cien los sueños que maliciosamente me acontecen, y sí...
Te busco por un momento, te busco por doquier cuando la meridional luna me recuerda tu savia y vapor.
Siento que ya no escucho cuando el agua avisa que hierve, ni arañar la pared puedo ya, las uñas me las muerdo desde los seis, tampoco tengo lunas.
Te cuento que ayer leí acerca de la diabetes, estadísticas de enfermedades comunes dentro de un hospital para prostitutas, también leí acerca de los bosques de anémonas, de psiquiátricos en donde internan a alcohólicos y adictos que no paran de hablar de lo pendejo que es para ellos el término penisneid de Freud.
He comenzado a sentir que todas las
paredes son de piedra, incluso que podemos ser libres para pintarlas con lo que sea y quien sea al pasar. Adiós a
las patrullas que por descuido pillan a los grafiteros, acabando con sus ideas a un centígrado de ebullición.
He sentido también una mirada asechadora y no es la tuya, jamás
había deseado volverme ciega, alguna vez pensé que podía morirme de desvelo y
no, comprobé que es más factible morir de ignoro.
Una vez leí que una maestra en Nebraska hizo prometer a sus alumnos que encontrarían un pueblo mágico debajo de una
piedra, eso es más pendejo que quejarse del penisneid y nadie dijo nada.
Todo aquello viene a mi mente en fragmentos bicolores, también me imagino la cara de idiotas que tienen mis vecinos mientras me ducho y me quedo inmóvil bajo el chorro de agua caliente, parpadeo unos segundos, me atacan por momentos fulgores húmedos, juego con mis palmas a esparcir el shampoo que promete brillo y controlar su caída. Inventos para que nosotros los tontos compremos más y bueno, lo seguiremos haciendo.
Me golpea la idea de empezar a comer frutas si es que vienen de tu boca, fomentar una lluvia de flores en donde caigan muchas magnolias pero todos estos placeres pequeñitos que me voy inventando se esfuman. Por qué me tienen que distraer con google y con una pinche nota de #posmesalto? En fin, la noche es buena para partir en cien los sueños que maliciosamente me acontecen, y sí...
Te busco por un momento, te busco por doquier cuando la meridional luna me recuerda tu savia y vapor.
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