Siento que ya no escucho cuando el agua avisa que hierve, ni arañar la pared puedo ya, las uñas me las muerdo desde los seis, tampoco tengo lunas.
Te cuento que ayer leí acerca de la diabetes, estadísticas de enfermedades comunes dentro de un hospital para prostitutas, también leí acerca de los bosques de anémonas, de psiquiátricos en donde internan a alcohólicos y adictos que no paran de hablar de lo pendejo que es para ellos el término penisneid de Freud.
He comenzado a sentir que todas las
paredes son de piedra, incluso que podemos ser libres para pintarlas con lo que sea y quien sea al pasar. Adiós a
las patrullas que por descuido pillan a los grafiteros, acabando con sus ideas a un centígrado de ebullición.
He sentido también una mirada asechadora y no es la tuya, jamás
había deseado volverme ciega, alguna vez pensé que podía morirme de desvelo y
no, comprobé que es más factible morir de ignoro.
Una vez leí que una maestra en Nebraska hizo prometer a sus alumnos que encontrarían un pueblo mágico debajo de una
piedra, eso es más pendejo que quejarse del penisneid y nadie dijo nada.
Todo aquello viene a mi mente en fragmentos bicolores, también me imagino la cara de idiotas que tienen mis vecinos mientras me ducho y me quedo inmóvil bajo el chorro de agua caliente, parpadeo unos segundos, me atacan por momentos fulgores húmedos, juego con mis palmas a esparcir el shampoo que promete brillo y controlar su caída. Inventos para que nosotros los tontos compremos más y bueno, lo seguiremos haciendo.
Me golpea la idea de empezar a comer frutas si es que vienen de tu boca, fomentar una lluvia de flores en donde caigan muchas magnolias pero todos estos placeres pequeñitos que me voy inventando se esfuman. Por qué me tienen que distraer con google y con una pinche nota de #posmesalto? En fin, la noche es buena para partir en cien los sueños que maliciosamente me acontecen, y sí...
Te busco por un momento, te busco por doquier cuando la meridional luna me recuerda tu savia y vapor.